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sábado, 10 de marzo de 2018

Poesía de la descomposición

Una lectura de Apparatchikis, de Mario Castells, Caballo Negro Editora, Córdoba, 2017.



Somos hojitas del incontable árbol de la vida. Cada quien es el resultado definitivo de un complejo entramado de leyes físicas, químicas y sociales que pueden ser comprendidas, estudiadas y analizadas. La paradoja es que casi nadie puede asimilar con perfecta claridad la particular forma en que esas leyes se entrelazaron para darnos a luz.

El MAS, Movimiento al Socialismo, fue quizás el mayor partido de izquierda de la historia argentina al calor del alfonsinismo. Última parada de un largo y a veces heroico camino que empezara a transitar Hugo Bressano, más conocido por su nombre de guerra, Nahuel Moreno, en los años cuarenta. Todavía hoy, menos de medio siglo de su muerte, y la de su corriente, ningún historiador o historiadora ha podido juntar un sinfín de minutas, editoriales, anécdotas y juicios parciales para escribir la historia del morenismo, la debacle de ese enorme sueño que tantas veces se ilusionó con la victoria y tantas veces se frustró sin ella.

Ni por pasión de anticuario o archivista, ni por puro prurito de intelectual, la ausencia de un balance sobre la explosión de la corriente trotskista más significativa de la historia de la lucha de clases de la última mitad del siglo 20 en nuestras pampas es un déficit que golpeará muchos años todavía a las generaciones que siguen intentando poner en pie un partido obrero en nuestro país.

Principalmente para sus herederos directos, pero también para todos los demás, incluyendo sobre todo a quienes más la han atacado –con razón o no- porque ese desapego les ha impedido empatizar lo suficiente con el derrotero de esa corriente como para verse reflejados en sus miserias.

Sin embargo hay un escritor, Mario Castells, que ha decidido poner en palabras impresas su balance personal de la última parte de ese desbarranque. En el año electoral del 2007, con la ruptura largo tiempo contenida del MST entre el MST-Nueva Izquierda e Izquierda Socialista (Documento Uno y Documento Dos, como se los conoció mientras sobrevivían un estancado divorcio) la debacle del mayor heredero del MAS sembró dos años después el paroxismo de dinamitar su bandera y sus colores detrás del enésimo engendro de centroizquierda parido por Pino Solanas, Proyecto Sur.

Al protagonista y narrador de Apparatchikis, Darío Castelví, le tocó atestiguar en el ojo del huracán ese año desgarrador, entrampado en los nudos superpuestos de sus propias frustraciones personales –amor, militancia, profesión- y tironeado por las luchas internas de su dirección nacional, regional y la descomposición política de las bases.

El escenario de la tragedia transcurre entre los locales partidarios de Tucumán y Perú y la Facultad de Filosofía y Letras, Once y Caballito y la bizarra noche de la Facultad de Veterinaria, Villa del Parque y Devoto. Un Roberto Arlt agudo y sensible, inundado de tristeza y nostalgia de su Rosario natal y su Paraguay añorado, es este Mario Castells que logró tirar esta andanada de aguafuertes sin filtro, sin photoshop, casi sin engaños literarios.

Existencialismo y realismo

Se trata de una novela donde se encuentran la necesidad hiriente de todo revolucionario trotskista consciente de llegar a un balance exacto de la experiencia política vivida con los recursos sicológicos de la literatura existencialista para pasar ese tamiz. Quizás la imposibilidad del autor para tomar distancia crítica de su propio desgarro íntimo le haya impedido salirse del cúmulo insoportable del dolor íntimo, encontrando en el examen minucioso de ese impresionismo tan verdadero, tan real, un camino de salida.

Se inscribe así en la tradición de una novelística desaparecida, la de otro rosarino, Roger Plá en su Los robinsones de 1943 pero con la sinceridad cruel de David Viñas en su Dar la cara, de 1962. Ambos cometieron a su turno un balance de la generación de jóvenes universitarios que llenaron las filas de la izquierda y sus preocupaciones más íntimas, Plá en esos años 30 donde se gestaban los rudimentos de un nacionalismo de izquierda que terminaría dividido entre el peronismo y el comunismo estalinista; Viñas repensando el impacto de la Libertadora en la camada de la nueva izquierda peronista, teñida de Sartre y Freud, de la segunda mitad de los años 50.

Aunque podríamos haber leído cuatrocientas páginas más, Castells nos ha ahorrado el monólogo interior de cada uno y una de sus personajes y el ensayismo típico de esa novelística ya olvidada. Mientras Viñas y Plá escribían al influjo de esa escuela que fue para los escritores del siglo 20 La condición humana de Malraux (1933) Los caminos de la libertad de Jean Paul Sartre (1945-49) o esa radiografía sarcástica y despiadada de la intelectualidad de izquierda universitaria que comete Simone de Beauvoir en Los mandarines (1954), la vena proletaria y trosca de Castells prefiere la sencillez narrativa del cross a la mandíbula de las aguafuertes de Arlt, la verdad por sí misma, en cuero, y algo de ese tono fraterno pero ácido que usa Leopoldo Marechal en su Adán Buenosayres de 1948 para desnudar la verdad debajo de los arrabales idílicos de su adolescencia rebelde junto a Borges y Xul Solar, al mismo tiempo que se caga de risa de sus mitológicas aventuras juntos.

Estas son meras especulaciones construidas, faltaba más, desde un recorrido puramente personal. Se trata de una genealogía arbitraria que habla más de las lecturas propias que de las del autor, que desconocemos. Sin embargo, hay en el comienzo de la nouvelle y en su final una referencia clara –aunque no evidente- del Zama (1956) famoso y desconocido de Antonio Di Benedetto, en esos perros jugando en el borde de la muerte absurda, en ese comienzo del viaje de vuelta al origen del final, lleno de una paz tan parecida a la muerte y la resurrección.

Quizás algo de todo esto pueda defenderse también en esa miscelánea del capítulo 5, cuando Castelví elude la rosca mezquina y miserable de las reuniones políticas de carpa chica de las agrupaciones de Filo que rosquean asambleas y listas y carguitos para zambullirse en una clase de crítica literaria (“ese agite de peques barderos que es la política universitaria”).

Como si la tragedia se empeñase, queriendo oír a Viñas termina recalando en uno de esos tan característicos profesores que mezclan erudición berreta y desprecio póstumo por cualquier intento de literatura proletaria. Filo sigue siendo, como siempre, la amansadora que transforma ilusiones sinceras de socialismo en la charca del presupuesto del Estado y al mismo tiempo la trituradora de espíritus que llegan buscando la literatura como arma de la revolución para ser convencidos de que la revolución es un sueño absurdo, igual que la literatura. Pero ya no quedan ni los Urondo ni los Viñas, ni los Rieznik que la contrapesaban.

A lo macho

Se trata también de una confesión a lo macho. Castells prefiere quedar bien con la verdad desnuda antes que con la corrección política. Su alter ego desnuda un machismo cavernario, llenando las cien páginas de un documental sobre la mirada del macho que caracteriza mujeres como cuerpos bellos a través de cánones tan clásicos como excecrables ("amar es tragar, querer es escupir"). Darío, militante socialista formado por lo tanto en la concepción más humanista posible, se iguala no obstante a esos viejos paraguayos escabiando caña a la entrada de la villa y felicitándolo por la morocha que lo acompañaba como quien aplaude al pescador por su presa. No se trata tan solo de una identidad basada en el conocimiento vedado para el resto de la hermosa lengua guaraní, sino también y sobre todo de saberse parte de esa cultura milenaria donde la hembra ocupa ese lugar. Castells no parece reivindicar a Castelví pero tampoco se esfuerza por criticarlo. Otra vez nos muestra la mierda tal y como existe más allá de la discusión ética.

En todo caso, y aunque no lo diga, la misma tarea de publicar estas imágenes sirve de confesión y denuncia. La descomposición moral de los personajes se muestra con más crudeza allí, en sus relaciones voluntarias, en esa triste forma de reducir el amor romántico o idealista en una mera compulsa histérica, en la amargura del sarcasmo reemplazando la dulzura. A riesgo de sonar complaciente, también es cierto que Castelví recorre la novela sangrando su desamor, torturado por su propia responsabilidad en el descuido afectivo de las relaciones que amó.

Hay en todo esto algo de la confesión descarnada y amoral de Julio Sosa recitando Por qué canto así en esa inolvidable versión de La Cumparsita con el bandoneón de Leopordo Federico. La enorme presión de la miseria nos fabrica así. Ahí está el artista para mostrarse tal como es su alma destrozada, sin evadir la responsabilidad ante el dolor causado a otras, sus víctimas, sin la pedantería de pararse frente a sus miserias con tono sacerdotal o careta. Sin falso orgullo ni mentirosa “deconstrucción”.

Poeta de arrabal

No es ninguna novedad la maestría de Castells para la narración poética. Una capacidad envidiable para describir su propia experiencia de individuo desgarrado acompaña toda su obra. El desgarro del migrante eterno sin lugar fijo y con cientos de paraísos perdidos ya estaba toda en su El mosto y la queresa. Ahora viene a traernos esas imborrables impresiones auditivas y visuales, esa también envidiable capacidad para el registro de los dialectos porteño, rosarino, guaraní y paraguayo en la descripción de una pareja entrando a la 1-11-14 para pegar merca o su sutil registro de la pequeño burguesía progre de Caballito en el trayecto entre Sócrates, el Parque Chacabuco y un pehache reciclado frente a la cancha de Ferro.

Un antropólogo casi perfecto recorriendo el reviente de Once y las alturas ilusorias de la 
clase media universitaria, Castells pone toda su maestría al servicio de una novela proletaria para despreciar con altura a esos maestros ciruela que llenan las cátedras de la UBA o la UNR vomitando sandeces sobre la imposibilidad de una literatura proletaria y socialista.

En cada momento de este oscuro viaje el protagonista se detiene a respirar en la naturaleza que invade la urbe ficticia, las lluvias torrenciales y apocalípticas de otoño y primavera, el canto de los zorzales a la madrugada, cada árbol que lo rodea con su identidad definida, la brisa de los amaneceres devolviéndole la vida a los fantasmas. Pura poesía por donde lea. Agridulce, amarga y dulce, como la vida misma. En una de tantas apreciaciones geniales, Castells nos hace notar el detalle que diferencia a las villas de Capital con las del resto de las grandes ciudades del litoral, como su amada Rosario. En las villas porteñas no queda resabio de ruralidad. El origen campesino ha sido borrado del paisaje, sepultado bajo el ladrillo hueco a la vista y el asfalto.

Como el perseguidor de Cortázar, Castelví se aferra en sus peores momentos de perdición de esa nostalgia doblemente desarraigada en latitud y naturaleza. De la porquería politiquera de Filo se refugia en el pino del patio de la vieja fábrica devenida claustro, de la amargura del desamor construye un paraíso inocente y puro de amor libre bajo un Nogal de Vete. La lluvia torrencial del estuario del Río de la Plata lo atormenta pero también lo lava, lo limpia y lo abraza maternalmente, a la Gene Kelly como él mismo señala.

“Estamos enfermos, perdonennos”

El de Castells entonces, es un realismo crudo y sincero que nadie que haya visitado esta parte de la historia podrá decir que miente, salvo que quiera proteger el propio pellejo. Fiel al manual de la catarsis y el duelo Castells no tiene piedad con ninguno de los personajes que desfilan por su historia, ni siquiera con su alter ego. Se desnuda a un nivel casi imposible. Abre el pecho al sablazo como Solano López ante la partida de cobardes que lo va a liquidar. Entrega su nouvelle a riesgo consciente de que sus viejos enemigos lo descuarticen como a Túpak Amaru en la Plaza Mayor de Lima, pero con la confianza ciega de que su martirio servirá a les sobrevivientes de la masacre y la derrota para entenderse y rearmarse.

Cada compañera o compañero que haya experimentado el doloroso desgarro de entregar su vida a la militancia durante el tiempo necesario para saber que le definió la vida para siempre, le debe a Castells un agradecimiento por su libro. El artista se ha animado a denudar al Rey en medio de la comitiva de aduladores. Su obra no ofrece todos los detalles que permitan entender las causas de lo que pasó, quizás porque el propio autor no haya logrado reunirlas todas con claridad en medio del dolor que todavía se siente al leer esas páginas. O más probable porque su amor por la buena literatura le prohiba ensuciarla de ensayismo. Pero en esta obra están los indicios que pueden permitir comprender.

Esa militancia trosca tan bien descrita estaba rota y en proceso de descomposición. Sus cuerpos y sensibilidades expresaban la putrefacción política de una dirección que manejaba un barco detrás del oro mítico de los cargos, El Dorado de la caja del Estado democrático, la  sucia prebenda que como un Midas invertido, corrompe lo que tocaa. Como cualquier adicto a la merca, toda corriente revolucionaria que alcanza la posibilidad del crecimiento electoral cree que va a poder controlar los efectos nefastos para que sólo se desarrollen las virtudes que el oro del Estado permite.

“1987-88 fue una época bien loca y prolífica. Pero también marcaba el inicio de una decadencia: Para nosotros la muerte de Luca se pegaba a la de Moreno.” confiesa Darío Castelví y quizás haya allí una punta para comenzar a entender a una generación de luchadores y luchadoras de la juventud obrera que entregó su juventud en los 90 para construir una alternativa por izquierda a un país que también iniciaba su debacle.

La juventud que luchó en los 90 se enfrentó con sus ilusiones a un genocidio de ilusiones. Caía el muro de Berlín y la utopía encarnada más importante de la lucha humana por el Paraíso en la Tierra implotaba con la URSS. Una a una también mostraban la hilacha las ilusiones que venían a reemplazarla, la revolución democrática alfonsinista, el rock libertario, la libre sexualidad, todo se fue desmoronando para quienes recién empezaban a luchar. Encima encontrarse con una pesada herencia de dolor y derrota de los sobrevivientes de los 70, en medio del menemismo arrasador. El fin de la historia vivido desde el peor lado posible, el de quienes queríamos el triunfo de la humanidad sobre sus cadenas de oprobio y muerte.

Castells es, como Arlt y como Viñas, todo lo cruel que su memoria le indica, casi al límite de la traición a los códigos de la clandestinidad revolucionaria, con los personajes que militaban a la par. Pero también como Arlt sostiene una ternura irrenunciable para quienes fueron sus seres más queridos, su única ligazón con el mundo durante esos terribles y solitarios años. Son troscos y troscas reales, de carne y hueso como él y en cada descripción descarnada se puede notar la caricia del recuerdo fraternal. 

Por el contrario, a los responsables de esta tragedia, los dirigentes políticos que tenían en sus manos el destino de la organización y su militancia, casi no los describe en detalle. Cuánto más odio se puede interpretar en esas palabras casi textuales, frías e inhumanas, destiladas por verdaderos hombres de aparato, preocupados únicamente por la salud de la organización, del esqueleto, que condujeron a la derrota.

Con la objetividad del informe político para internos, Castells cita textualmente al máximo dirigente de su organización arengando a una tropa de almas rotas para que dejen el resto de su vida por la más miserable de las causas, la elección de legisladores o diputados:

“Compañeros, dicen que la regional tiene severos problemas con las drogas, dijo. Yo no vengo a hablarles como un moralista descarado sino como un compañero. Sabemos de los problemas que existen en sus vidas, en sus casas. Estamos en una etapa de descomposición social muy grande. Los problemas de la vida cotidiana son muy importantes y tendremos que remediarlos oportunamente. Así nos lo enseñaron nuestros maestros; de ellos habla Trotsky… El mismo compañero Hugo en la moral y la actividad revolucionaria trata el tema. Yo lo que les quiero pedir, no obstante, es frenar la rabia, aguantar un tiempo. Faltan quince días para que termine la campaña electoral. Ese es el lapso que debemos resistir y más aún, es el espacio de tiempo que les pedimos a todos. Les pedimos que aguanten, qe saquen fuerzas de donde no tienen. Tenemos que matarnos en esta campaña electoral. Si hay que tomar merca, tomaremos. Dentro de los balances, nos sacaremos los ojos, como corresponde. Hoy solo tenemos que pensar en la campaña electoral. Lo digo sin caretearla. Por quince días les pedimos que no sean otra cosa que militantes electorales. Ni estudiantes, ni novios, ni hermanos.”

Pedir la vida de tantos y tantas militantes a cambio de un roñoso tres o cuatro por ciento de los votos a Jefe de Gobierno o Legislatura. El mismo dirigente que bajo los cuadros solemnes del fundador mítico de la corriente o las banderas con los nombres de sus mártires negocia las ilusiones de un militante que busca desarrollar el socialismo en las tierras de sus ancestros a cambio de un chantaje con sus necesidades materiales. 

Si sólo sirviera para que cada compañera y compañero reaccionara con toda su energía y capacidad ante el menor atisbo de burocratización y electoralismo en su propia orga, esta novela habría cumplido una enorme función política. Porque la peor merca es la que toma una dirección política que reduce todo con ese cinismo y lo envuelve de bellas citas de los grandes héroes.

El mono en el remolino


En ese primer capítulo donde los perros se pelean frente a las obras de la estación Puán en eterna construcción Castelví creyó entrever su propio final y el de su corriente mucho más que en las fiestas desbarrancadas de Fylo o Vete o esa exquisita batalla final contra la barra brava de All Boys en un bar de Floresta, tan bien narrada, tan sublime y épica.

Si es cierto que las derrotas son las mejores maestras de esta cruda descripción deberían brotar las mejores enseñanzas. Quienes vivimos de cerca esos hermosos años de revolución del Argentinazo y nos fuimos desgranando en el tobogán pútrido del kirchnerismo, reviviendo como farsa una y otra vez ese 87-88 que recuerda el poeta, deberíamos encontrar en esta novela una soga para empezar a entender tanto dolor. Pero sobre todas las cosas, esas nuevas generaciones de jóvenes que luchan hoy, al calor del crecimiento del movimiento feminista o del Frente de Izquierda, deberán abrevar en esta novela corta como alarma para saber detectar a tiempo los síntomas de la descomposición política en sus propias organizaciones.

Dudo mucho que la política universitaria hoy haya dejado de ser esa charca desagradable que fue en los 90 y primeros años del 2000 que tan bien describe Castells. Las denuncias por violencia machista entre las organizaciones de izquierda y bandas de rock hacen presagiar que la mancha de aceite pestilente de la claudicación ante la democracia burguesa avanza con temeridad entre nuestros sueños.

Habrá quienes usarán esta novela para demostrar que la militancia de izquierda es una mentira aborrecible de la que hay que escapar. Algunos también con perfidia podrán alabarla porque huye de la semblanza heroica típica del realismo socialista. Yo la he leído desde otro lugar. Apesadumbrado todavía por mis propias frustraciones en experiencias tan similares no he bajado los brazos y sigo queriendo soñar con que algún día podremos encontrarle la vuelta a las presiones que este régimen de muerte nos tira en el lomo a quienes osamos desafiarle. 

Iluso o no, leo Apparatchikis como quien necesita cicatrizar la herida sin otra cosa a mano que un palo encendido. El fuego limpia mientras destruye. Su claridad permite sacar de las sombras las bases ocultas de las relaciones que uno construye o que lo construyen a uno. La verdad duele, pero es la única forma de construir sobre seguro.

Como frente a toda herida abierta, el lector o lectora puede pararse en alguna de las dos caras de la contradicción y reconstruir la historia desde allí. En su traducción del I Ching, el alemán existencialista a la Heidegger interpreta el hexagrama número 23, “PO, La Desintegración”, literalmente. Cinco líneas oscuras, representativas de las fuerzas negativas del universo avanzan acosando a la única línea de luz, y recomienda no moverse ante el peligro, no avanzar. Sin embargo, Wilhelm tuvo la honestidad intelectual suficiente para publicar las interpretaciones del maestro Confucio, cinco mil años anteriores. Allí, el intelectual oriental subraya el poder indestructible de esa solitaria línea de luz, sobreviviente invencible de esa andanada de oscuridad que la rodea. 

La desintegración es leída como descomposición y la descomposición como un proceso necesario para encontrar el camino de salida, el ciclo necesario para que la vida se abra paso nuevamente de sus propias cenizas.

Creo que Mario Castells ha publicado este balance después de tantos abortos porque lo anima la misma esperanza, el recitado de Castelví recordando las palabras de Solano López, que son tan parecidas a las de Trotsky antes de morir, es mi única prueba. De la derrota sólo se pueden sacar conclusiones para dejar a los que vienen detrás:

…vencedor no es el que queda con vida en el campo de batalla, sino el que muere por una causa bella. Seremos vilipendiados por una generación surgida del desastre, que llevará la derrota en el alma, y en la sangre, como un veneno, el odio del vencedor.”

Como sea, ningún/a militante debería perderse la oportunidad de mirarse en el reflejo del abismo que ha publicado Castells y sacar sus propias conclusiones. 

jueves, 12 de octubre de 2017

Aguafuertes del inframundo

Una lectura de Sentimientos Lunfardos, de Les Cuevas Otonelli, edición de la autora, Buenos Aires, 2017.




El nuevo libro de Les Cuevas Otonelli trabaja en veintisiete textos y otras tantas fotografías el concepto que le da el título: sentimientos lunfardos.

Lejos de la obviedad y la cursilería, Les no ha impreso una sola palabra típica del arrabal tanguero del 900. Porque su concepto del lunfardo no es el que usted puede encontrar en cualquier diccionario, una descripción superficial más o menos certera sobre el dialecto que se acuñó en las barriadas obreras de Buenos Aires a principios del siglo XX y que fuera inmortalizado en centenares de letras de tango.

Sin embargo, antes de examinar el ejercicio conceptual de Les y su obra, sería importante rescatar un señalamiento bastante famoso sobre el lunfardo. Es archiconocida la anécdota sobre Roberto Arlt, quien respondió a una serie de críticas sobre el supuesto mal uso del lunfardo porteño en su literatura planteando que no había aprendido el lunfardo en una academia sino que en sus textos usaba el lunfardo que había aprendido hablando en el barrio.

El lunfardo es eso, el idioma que se habla en el barrio, no sólo el compendio del diccionario de la Policía Federal confeccionado para “buchonear” el argot inventado por los “chorizos” y “malandras” que buscaban “gambetear” la “gayola” intercambiando las palabras y sus sentidos. Como todos los dialectos populares desde la mítica Torre de Babel para acá, el lunfardo fue el resultado de la mezcla irresponsable de otros lenguajes populares revueltos por los inmigrantes y los pobres de nuestras propias pampas en las ollas populares, los piringundines y las asambleas. Para la mirada policial del crítico literario, el lunfardo debería ser un compendio estricto, un esquema bien catalogado.

No es el caso de Arlt, menos mal, ni de Les. En Sentimientos Lunfardos ha publicado un libro que vale la pena recomendar por un par de motivos muy importantes.

Se trata de una literatura punk, especie de vómitos sin pulir y patadas al pecho, fotografías instantáneas de diferentes rincones del alma de una mujer empeñada en cagarse a trompadas con la realidad luchando sin ningún recurso material regalado por ser feliz. 

Lo máximo que se le puede reclamar a una artista es que se anime a desnudarse frente al mundo, para que les simples mortales podamos mirarnos en su reflejo y entender un poco más quiénes somos, de dónde venimos y a ver si podemos ajustar mejor el catalejo para saber a dónde vamos. Y eso Les lo cumple a rajatabla.

A veces se pueden leer en feisbuk (esa enorme red mundial de la catarsis sin filtro de seres que no se psicoanalizan), textos íntimos que son verdaderas joyas de arte literario. Se podrá decir que no respetan las leyes del arte de la literatura y la poesía, se podrá juzgar la calidad del lenguaje y la ortografía, la gramática o la prosa, pero nunca se podrá rechazarlas por faltas de la sinceridad y el coraje necesarios en todx artista verdaderx. Qué sociedad mucho más evolucionada seríamos si el mercado editorial dejase de censurar preventivamente, de castrar artistas recién nacidxs, de cortar las millones de expresiones poéticas que elabora la “gente sencilla” en la intimidad de sus biografías invisibles, en los pocos momentos arrancados con dolor al tiempo obligado de la alienación y la explotación del trabajo.

Tendríamos la posibilidad de que cada ser humano pase por la hermosa experiencia de ser leído, comentado, enriquecido por las miradas de otras experiencias. Esa oportunidad hermosa que tienen les escritores publicadxs de poder volver a mirar su obra, la materia prima de su inconsciente y así aprender de sí mismxs, crecer como ser humano y como artista.

En su nuevo libro, Les ha decidido dar un paso adentro de sí misma. Quienes pudimos disfrutar de sus obras anteriores, verdaderos recorridos turísticos por el inframundo del rock, donde con una pluma juguetona, mágica y descontracturada nos describía verdaderos templos para disfrutar del ritual nocturno y dionisíaco que ofrecen los centenares de bares en el conurbano y la capital.

Siempre cabe aclarar que no se trata del infierno propio de la escolástica católica, ese lugar horrible que debe ser temido y esquivado. Les ahonda en el verdadero mundo oculto que todes llevamos dentro, allí donde residen nuestros temores y alegrías originales, cubiertos por las lápidas de la conciencia funcional. Un lugar que nuestros más remotos ancestros visitaban periódicamente para calmar la angustia existencial muchísimos centenares de miles de años antes que la misma humanidad pudiera descubrir las herramientas científicas necesarias para poder explicárselo.

Como si se tratase de un devenir lógico, como si se hubiera pensado a sí misma en un recorrido artístico, después de describirnos las entradas al infierno, Les ahora nos muestra algunas imágenes fugaces de su interior. El suyo, que como el de todes nosotres, es también el de un infierno individual y colectivo.

Les ha puesto un cuidado artesanal en el diseño de página y del objeto libro que no puso para nada en la corrección de sus textos. Y se lo agradecemos. No es de su interés, ni del nuestro, realizar un aporte significativo al idioma literario. Les es una artista gráfica, como profesional del diseño, una de sus fuentes de ingresos, y como artesana de las nuevas y viejas tecnologías de la edición.

Esa es la segunda razón por la que recomiendo acercarse a esta obra. Si usted fantasea como tantos miles de almas que se dieron cuenta de que a pesar de no haber pisado facultades o academias tienen algo para decir en palabras e idealiza a quienes pudieron llegar al libro impreso, les recomiendo fuertemente acercarse a una posibilidad muy concreta de alcanzar su sueño. Les Cuevas Otonelli podría ser su editora.

En eso también es punk. Les demuestra con este libro y los anteriores que se pueden encontrar los caminos para publicar y distribuir sin tener que arrodillarse ante las grandes industrias culturales o subir las escabrosas cumbres del purgatorio de la cultura oficial. Siempre que usted sueñe solamente con publicar y distribuir lo que lleva dentro del alma y le urge compartir con otro ser vivo. No me parece un aporte menor, sino, como ya dijimos, Les señala la posibilidad concreta de salir al mundo de la riquísima cultura que anida en nuestro sufrido pueblo.

Sería muy injusto terminar esta reseña dejando sembrada la posibilidad de una lectura equivocada. No se trata de aplaudir una serie de elementos para hacernos los giles y ocultar un sentimiento de vergüenza por el material literario. Seríamos unos impostores reseñando un libro sin ofrecer una devolución, buena o mala, justa o injusta, sobre lo allí escrito.
Si la vida emocional e íntima que Les desnuda en su obra nos seduce como las trágicas almas sensibles que conocemos, porque nos recuerda cosas de Janis Joplin, Tanguito o ese poeta anarquista del argentinazo que fuera el cantante de Flema, hay que hacerle justicia a sus textos y decir que bien podrían ganarse el derecho de ser tremendas letras de rock. Les encarna el rock como el lunfardo, porque lo aprendió a los golpes de la vida y no porque lo haya estudiado en alguna academia.

Los que más nos conmovieron son los textos surgidos de la contemplación sensible del mar, desde el punto de vista de su niñez y a través del doble o triple velo de la mirada de su hijo y de su nueva mirada como niña que mira a través de su niño o las descripciones ácidas y tiernas de su casa (que son diferentes y la misma). Daos y Capri y Corazón tienen todos los ingredientes de las canciones emblemáticas del rock, de esas que buscan el destino de ser cantadas durante generaciones. El libro contiene varios manifiestos de una desgarradora honestidad que bien podrían explicarle a millones de jóvenes los colores de la angustia que los inunda, en particular Feminismo, Inquietudes, Realismo o Yo soy; y hasta un embrión genial de relato fantástico al mejor estilo cortazariano en Las vueltas de la vida.

Siempre sospecho que todas las reseñas son injustas e incompletas, inacabadas por la falta de sabiduría y oficio del crítico, o simplemente por la falta de tiempo necesario para dedicarle el esfuerzo y sensibilidad equivalentes al que su artista puso en juego.
Pero tengo la certeza absoluta que no hay peor injusticia que quedarse callado cuando se está ante una verdadera obra de arte. Espero sencillamente haber contribuido en algo para que Les siga animándose a contarnos lo que va viendo en este camino que viene recorriendo.

viernes, 29 de septiembre de 2017

Documentos con doble filo

Sobre la Respuesta a una provocación, documento publicado por el Partido Obrero el 26 de setiembre de 2017 como consecuencia de las repercusiones del documento anónimo publicado en sábado 23 de setiembre.

Justificación


Objetivamente el texto publicado por el Partido Obrero y firmado por un conjunto de importantes dirigentes femeninas de diversos frentes de lucha del mismo es un hito histórico en el debate colectivo acerca del programa estratégico y táctico en la lucha por los derechos femeninos. Este sólo elemento justifica la toma de posición pública de todas las personas y organizaciones que hemos decidido comprometernos con la lucha por el fin de la opresión social contra las mujeres.

Desde ese lugar que he asumido públicamente es que me permito ofrecer una opinión lo más desprovista de subjetividad que hoy puedo elaborar. Lo que sigue por lo tanto es un intento de ofrecer un aporte en este proceso de elaboración colectiva que ha dado u salto de calidad con las movilizaciones masivas del 3 de junio de 2015 y sus notables réplicas del 19 de octubre de 2016 (Miércoles Negro) y la Huelga de Mujeres internacional del 8 de marzo de este año.

Soy plenamente consciente de las reacciones desagradables contra mi persona que esta opinión puede acarrearme por la doble condición de ex militante de esa agrupación sospechado de enemigo de la misma (cuestión que refuté en una carta a la dirección del PO del 28 de agosto pasado) y de varón cisgénero que repudia su herencia patriarcal y la identidad de varón heterosexual. El estado actual del debate en nuestra sociedad hace que de ambos lados de la discusión se cuestione mi autoridad moral para opinar. Pero no hacerlo sería un acto de hipocresía peor que cualquier represalia material o moral que se me aplique, puesto que implicaría la autocensura motivada por el miedo.

Eso no puedo permitírmelo. Así que asumiendo los riesgos, y con todo respeto y humildad, me pronuncio.

2. El ultimátum


Lo primero que debe señalarse es que la Respuesta del PO debería caracterizarse como un ultimátum en el cual se delimita una frontera excluyente. Sus autores/as caracterizan desde el título y su primer párrafo al documento anónimo que motiva la Respuesta como un ataque cobarde quya intención es la de destruir el trabajo político y la influencia ganada por esa organización en el frente de lucha por los derechos de las mujeres.

Por ese motivo, sus autores/as colocan a todas las personas u organismos colectivos que adhieran a las posiciones vertidas en el comunicado anónimo como enemigos/as del PO y del PDT, dando a su Respuesta un carácter de delimitación programática tajante, llamando a cerrar filas en defensa del PO y el PDT.

Considero que los argumentos presentados en la Respuesta no son suficientes para sostener esa caracterización aunque hay elementos del texto anónimo que puedan habilitar la sospecha de una actitud prejuiciosa y faccional contra las organizaciones políticas que se identifican con la tradición leninista (vigencia de la dictadura del proletariado, centralismo democrático). La ausencia de identificación de sus autores/as impide una caracterización con elementos externos al propio texto.

Pero más allá del análisis del documento anónimo, la propia posición establecida por el PO en su Respuesta y su carácter ultimatista nos obligan a fundamentar nuestro rechazo.  

3.El documento anónimo


El texto anónimo consiste objetivamente en un escrache contra una docena de varones cuyas identidades son denunciadas por haber cometido diversos tipos de violencia machista contra mujeres y que según el anónimo serían o habrían sido miembros activos del PO. Además, se plantea un llamado a que el PO haga públicas las denuncias o sanciones contra estos varones (y otros casos que el texto sugiere que podrían existir) porque de lo contrario estaría colocándose como encubridor de los denunciados.

El PO en su Respuesta niega al documento su pretensión de escrache positivo para los intereses de las potenciales víctimas de los sujetos denunciados y de los intereses colectivos de las mujeres en lucha contra la violencia machista. Su argumento es que se trata de una delación policial o estalinista por el anonimato del texto, al que califican de cobarde. También argumentan que se trataría de un documento que pretende sustituir el derecho exclusivo de las víctimas a denunciar y perseguir a sus agresores.

Entendemos que la caracterización del PO es desmedida y que sus argumentos no son suficientes. Se puede sostener una hipótesis contraria, a saber, que el anonimato es producto de la intención de eludir posibles represalias judiciales por parte de los denunciados contra las autoras del documento. Se podría argumentar que al no existir pruebas definitivas en favor de ninguna de las dos hipótesis sobre el motivo del anonimato la elección de una de las dos depende de la simpatía que se tenga por las partes contendientes.

Sin embargo, el mismo PO se refuta a sí mismo parcialmente al dedicarle un importante espacio de su Respuesta a la crítica del escrache como forma de lucha del movimiento feminista y de este modo reconoce que podría tratarse de un anonimato necesario para eludir a la justicia burguesa como lo es todo escrache realizado por personas o agrupamientos que se reconocen en inferioridad de condiciones frente al Estado y sus representantes.

Por último, considero un desatino de parte del PO responder de la forma que lo hacen a una denuncia anónima contra individuos concretos. Desde el vamos es desproporcionado que una organización con 50 años de irreprochable trayectoria en la lucha contra las injusticias del orden social vigente y con personería legal en casi la totalidad de los distritos jurídicos del país responda a una denuncia que ellos mismos caracterizan como “provocación cobarde”. Sin una investigación que lo sostenga me permito sospechar que se trata de la primera vez que el PO decide hacerlo en toda su larga historia.

Peor todavía, el extracto “El texto anónimo llega a la increíble conclusión de que “las resoluciones de la organización por las que se han expulsado violentos de género son parte de una trama encubridora en tanto esa misma organización se niega a poner estos casos de violencia de género bajo la luz pública”. Efectivamente, tal como afirman, el PO ha investigado y sancionado a los militantes denunciados por violencia de género, incluso con severidad.” podría ser considerado por los individuos denunciados en el anónimo como un reconocimiento oficial de las acusaciones vertidas, colocando al PO ante la posibilidad cierta de ser acusado por injurias e infamias ante la justicia. Se trata como mínimo de un acto irresponsable que contradice todas las precauciones que una organización de estas características se supone debería respetar.

4.El Escrache


Paradójicamente, después de haber desautorizado por completo los argumentos y posiciones del anónimo, la Respuesta del PO se dedica en extenso a debatir esos argumentos, dándoles así la autoridad que les habían denegado.

La Respuesta sienta una posición programática de rechazo a la táctica del escrache que defiende el anónimo como herramienta válida en la lucha contra la violencia machista. Aunque admiten haber apoyado el escrache de las víctimas denunciantes de Dante Palma y Aldana por tratarse de situaciones específicas donde los denunciados contaban o podrían haber contado con el apoyo del Estado, dictaminan que:

El escrache personal desprovisto de cualquier contenido de denuncia al Estado es la forma de desviar una causa, lo cual asume una profunda gravedad en estos tiempos de crecimiento de la organización de la mujer. Por cada mujer “salvada” por un escrache, objetivo que el anónimo dice perseguir, miles son introducidas en la violencia, ya que la personalización produce un efecto de confusión y desvía la denuncia sobre el régimen que produce y reproduce a escalas de barbarie esta realidad.

El escrache individual, en esas condiciones, pretende salvar las propias consciencias de quienes lo propugnan, con una acción reaccionaria que absuelve al Estado y desvía al movimiento de sus objetivos históricos. Para una socialista, éstos son derrocar al sistema de explotación y barbarie. Sólo así la mujer podrá ser liberada del yugo del sometimiento y de la violencia.

Llegan más lejos, caracterizando este tipo de escraches como individualistas, liberales y pequeñoburgueses:

quienes dicen ser defensores de este método no han hecho ningún aporte –ni teórico ni mucho menos práctico– en ese plano: su ausencia de las luchas –incluidos los “escraches”– es total. Al pequeño burgués liberal le gusta usar las redes para ocultar su ausencia de la organización y de la lucha.

En primer lugar vale el estupor si se considera la enorme cantidad de veces que el PO ha salido a defender públicamente la metodología del escrache en el pasado y no sólo en los casos que reconoce en el texto. Se podría decir que siempre y en todos los casos se trató de escraches que denuncian al Estado burgués de conjunto pero cabe discutir si todos los escraches de HIJOS contra los genocidas liberados por el indulto de Menem y las leyes de Obediencia Debida y Punto final señalaban al conjunto del régimen social y político, mucho más si se considera el derrotero posterior de integración al Estado burgués que desenvolvieron muchas de las organizaciones escrachantes de los 80 y 90. Lo mismo vale para la defensa pública del PO de los escraches durante el argentinazo de ahorristas indignados/as contra Aleman, Cavallo y tantos funcionarios del régimen de la Alianza.

El escrache es una forma de lucha que en sí misma no contiene una esencia política que permita definirla como de ataque al Estado o no. Depende de cada escrache concreto. Es contrario a la tradición leninista rechazar una forma de lucha en términos abstractos, vale recordar que en el debate al interior del Partido Bolchevique sobre la utilidad de la guerra de guerrillas contra los cosacos en el interior rural del imperio zarista Lenin establece una máxima que sostuvo hasta el día de su muerte:

“En primer lugar, el marxismo se distingue de todas las formas primitivas del socialismo pues no liga el movimiento a una sola forma determinada de lucha. El marxismo admite las formas más diversas de lucha; además, no las "inventa", sino que generaliza, organiza y hace conscientes las formas de lucha de las clases revolucionarias que aparecen por sí mismas en el curso del movimiento. El marxismo, totalmente hostil a todas las fórmulas abstractas, a todas las recetas doctrinas, exige que se preste mucha atención a la lucha de masas en curso que, con el desarrollo del movimiento, el crecimiento de la conciencia de las masas y la agudización de las crisis económicas y políticas, engendra constantemente nuevos y cada vez más diversos métodos de defensa y ataque. Por esto, el marxismo no rechaza categóricamente ninguna forma de lucha El marxismo no se limita, en ningún caso, a las formas de lucha posibles y existentes sólo en un momento dado, admitiendo la aparición inevitable de formas de lucha nuevas, desconocidas de los militantes de un período dado, al cambiar la coyuntura social. El marxismo, en este sentido, aprende, si puede decirse así, de la práctica de las masas, lejos de pretender enseñar a las masas formas de lucha inventadas por "sistematizadores" de gabinete. Sabemos -- decía, por ejemplo, Kautsky, al examinar las formas de la revolución social -- que la próxima crisis nos traerá nuevas formas de lucha que no podemos prever ahora.”

(30 de septiembre de 1906, se puede consultar in extenso en https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1900s/30-ix-06.htm) 


Entonces o bien el PO ha decidido tomar distancia de su propia tradición o bien se trata de un planteo poco feliz obligado por la presión de las circunstancias.

Una cosa es segura, se trata de un razonamiento forzado el asignar al escrache en las redes sociales una característica esencial de “individualismo pequeñoburgués liberal”. Puede que haya individualistas pequeñoburgueses liberales que rechacen la incomodidad de movilizarse colectivamente y luchar amparándose en la comodidad de compartir o viralizar escraches anónimos pero eso no quiere decir que todos los escraches anónimos en las redes sociales tengan necesariamente ese contenido de clase y esa cobarde justificación.

No es menor señalar que entre las “nuevas formas de lucha” que sabiamente Lenin anticipaba podrían surgir de la lucha espontánea de las masas contra la opresión del Estado, el escrache en las redes sociales es uno de los mejores ejemplos aportados por las masas en Argentina y otras geografías en los últimos años. Su rechazo coloca al PO objetivamente en una postura reaccionaria que lo enfrenta al conjunto de víctimas de violencia machista que diariamente y ante la inacción del Estado llenan las redes sociales con fotografías y capturas de pantalla de varones denunciados como único medio a su alcance para convocar a la empatía social con las víctimas.

Concretamente lo enfrenta contra Izquierda Revolucionaria, organización aliada al PO en el Frente de Izquierda, que el 20 de noviembre de 2016 hizo público en su muro oficial en Facebook un comunicado donde daba cuenta de las razones que lxs llevaron a la expulsión de uno de sus militantes en la provincia de Córdoba (véase https://web.facebook.com/izq.revolucionaria/photos/a.1411525585822914.1073741826.1411525549156251/1605463646429106/?type=3&theater).

Este escrache constituye uno de los primeros antecedentes en su especie entre las organizaciones revolucionarias y entendemos que el PO está lejos de caracterizar a IR como una agrupación de individualistas pequeñoburgueses liberales que pretenden sustituir la necesidad de la lucha y la movilización.

Cuando todavía no existía internet el propio Plenario de Trabajadoras defendía y avalaba este tipo de formas de lucha y de acción directa contra abusadores de mujeres en las barriadas donde intervenía el Polo Obrero, prueba de ello es el documental de 2003 del Ojo Obrero Paso a las luchadoras (https://vimeo.com/1158230)  donde la metodología es defendida por varias de las compañeras firmantes de la Respuesta.

5. Antipunitivismo clásico y abstracto


El debate sobre el escrache en redes sociales, que en su Respuesta el PO admite como válido a pesar de rechazarlo (“¿De qué nos acusan entonces? De rechazar el método del escrache público a estos acusados, algo que compartimos con la inmensa mayoría de las organizaciones de izquierda que militan en el movimiento de la mujer.”) lo lleva más lejos, a desenmascarar las bases filosóficas, políticas y clasistas que ellxs entienden se encubren detrás de la metodología del escrache anónimo en redes sociales.

En resumidas cuentas, el PO entiende que detrás de esta metodología se oculta una posición punitivista. En el extenso debate de lxs especialistas en cuestiones de violencia machista, se llama punitivistas a quienes defienden que una adecuada legislación que castigue correctamente a los violentos es la solución al problema de la violencia de género. 

Correctamente, entendemos, el PO rechaza ese razonamiento puesto que el castigo a los varones violentos reduce el problema a la individualización de chivos expiatorios y absuelve al conjunto del régimen capitalista y sus representantes de la responsabilidad en última instancia de las condiciones que provocan la existencia de esos individuos y por lo tanto de toda la violencia contra las mujeres.

Va todavía más lejos al señalar que este planteo punitivista es la piedra fundamental que el feminismo burgués y pequeño burgués liberal desarrolla para justificar una estrategia de división al interior de la clase obrera y las clases oprimidas por el régimen capitalista, enfrentando a las mujeres contra los varones, haciendo imposible la construcción de lazos afectivos y políticos en el seno de las familias para erradicar unidas la ideología machista y sus terribles consecuencias.

Este argumento es, otra vez, forzado. En primer lugar porque utilizar el escrache anónimo en redes sociales no es suficiente para caracterizar a sus autores/as como punitivistas. Es decir, la exigencia de condenas justas contra los violentos no es condición suficiente para entender que se trata de un reclamo que pretende absolver al régimen capitalista. 
Paradójicamente de nuevo, la mejor evidencia de esto son las incontables cantidades de oportunidades en que el PO y las agrupaciones orientadas por él han reclamado juicios más rápidos y condenas más duras para todo tipo de abusadores a lo largo y ancho del país. Ese reclamo y esa lucha, que entendemos es uno de los mejores aportes del PO en el movimiento de lucha de las mujeres no lo convierte automáticamente en punitivista. ¿Por qué razón debería convertir en punitivista el reclamo de mayores sanciones a un grupo de supuestos violentos por parte del documento anónimo o de cualquiera que lo llevara adelante?

No somos especialistas en este debate, pero a raíz del mismo encontramos una entrevista a la antropóloga Rita Segato, reconocida especialista que asume una posición antipunitivista, publicada el 23 de agosto de este año, que nos puede ayudar a esclarecerlo:

“Por eso mi argumento no es un argumento antipunitivista de la forma clásica, en el sentido de que no se debe punir o sentenciar. Sí tiene que haber leyes y sentencias que sólo algunas veces llegan a materializarse. Pero en nuestros países sobre todo, en el mundo entero, pero especialmente en América Latina, de todos los ataques contra la vida, no solamente los de género sino de todos en general, los que llegan a una sentencia son una proporción mínima. La eficacia material del derecho es ficcional, es un sistema de creencias, creemos que el derecho lleva a una condena. Pero claro que tiene que existir, el derecho, todo el sistema legal, el justo proceso y la punición. Lo que yo digo es que la punición, la sentencia no va a resolver el problema, porque el problema se resuelve allá abajo, donde está la gran cantidad de agresiones que no son crímenes, pero que van formando la normalidad de la agresión. Ninguno tomaría ese camino si no existiera ese caldo de cultivo.” (https://latinta.com.ar/2017/09/rita-segato-falla-pensamiento-feminista-violencia-genero-problema-hombres-mujeres/)


En su Respuesta, el PO se coloca a la derecha de esta posición, en lo que valdría caracterizar como un antipunitivismo clásico. Nótese que podría inferirse de este párrafo la convocatoria de Segato a considerar a la “gran cantidad de agresiones que no son crímenes pero que van formando la normalidad de la agresión” como necesarios de ser incluidos entre las conductas plausibles de ser castigadas por el derecho. Nótese también que el reclamo de Segato no excede los límites del derecho burgués (el único que existe hoy) y aunque adjudique al conjunto del sistema social como responsable de la violencia de género no es capaz de defender la solución más lógica posible: la destrucción de ese sistema social y su reemplazo por otro.

Lo importante, sin embargo, es que Segato exige que los castigos se cumplan efectivamente en el caso de los que existen y pretende que más prácticas sean incluidas en el vademécum de crímenes punibles.

El PO, que ha decidido establecer una posición definitiva y contundente en este punto, una posición que define según ellos mismos la simpatía o enemistad con el conjunto de dicha organización, lamentablemente se cierra a un debate que en realidad debería esforzarse por abrir y alimentar, lejos de toda actitud ultimatista.

6-Regeneración de machistas


El punto más delicado, audaz y sensible de todo el documento es el siguiente:

“El Partido Obrero debió abordar situaciones de violencia en sus filas. Como no podía ser de otro modo, una organización socialista no está exenta de que sus militantes sean alcanzados por la descomposición social del capitalismo, e incluso de que ejerzan violencia contra sus compañeras. En más de un caso, esta situación alcanzó a destacados obreros clasistas que cargaban con el peso de una tradición familiar opresiva y violenta. El PO separó o suspendió la militancia de estos trabajadores y se dio un curso para contribuir a la superación del comportamiento violento, en los casos que se consideraron pertinentes, para la construcción de una relación igualitaria entre estos compañeros, sus parejas y la mujer en general. Algunos de ellos volvieron a la militancia. Los “anónimos/as”, en cambio, practican una suerte de lombrosianismo feminista, la coartada que el feminismo liberal siempre ha levantado para separar a la lucha de la mujer de la lucha general de los trabajadores. El punitivismo, separado de cualquier acción transformadora de las conductas violentas o machistas, es un planteo de división entre la mujer y el hombre al interior de la clase trabajadora. Al servicio de este planteo de punición individual está la política de los escraches públicos que propugnan para militantes o ex militantes, y que implicaría para todos ellos, sin distinción, una condena social definitiva. Nosotros, por el contrario, sostenemos que la lucha por la transformación socialista de la sociedad es una apuesta a la transformación de quienes participan de ella, en el curso de esa misma lucha. […] Con ello, no hemos hecho sino seguir la tradición histórica del movimiento socialista de la mujer, que ha propugnado una política para las organizaciones obreras dirigidas a erradicar el machismo y la discriminación de género por medio de la acción política y la persuasión.”


Nadie ha señalado lo suficiente en este incómodo debate que es extraño ver a una organización de las características del PO exponer tan abiertamente los acuerdos de convivencia interna que deberían corresponder únicamente a las personas que han tomado la decisión de organizarse voluntariamente. En su momento el PO repudió, con toda justeza entendemos, la intromisión del Estado por medio de las PASO en los criterios que su organización toma para definir las candidaturas. Entendemos que bien podría haberse limitado a responder que como tantas otras denuncias, ataques o provocaciones el PO resolvería la situación con las personas directamente involucradas y las únicas que tienen derecho a resolverlo: quienes construyen el PO.

No vamos a caer de ningún modo en el error de meternos en esos asuntos desde estas páginas ni mucho menos pretender indicarle a compañeros y compañeras con sobrada experiencia de lucha lo que deben o no hacer. Porque no nos corresponde, porque así como alguna vez decidimos comprometernos en la construcción de esa organización y su programa, hemos perdido el derecho a opinar una vez que decidimos voluntariamente renunciar a seguir haciéndolo.

Simplemente se trata de analizar los argumentos publicados. En los párrafos citados, el PO explica con claridad y contundencia su oposición de principios al método del escrache de individuos y al punitivismo que lo respalda porque ese escrache “implicaría para todos ellos, sin distinción, una condena social definitiva”. En criollo, el PO rechaza el escrache o la denuncia pública de los casos en que ha encontrado pruebas de violencia machista y ha decidido sancionar “incluso con severidad” a militantes porque esa publicidad impediría que el individuo sancionado pueda regenerarse y volver a incorporarse.

Porque el PO entiende como una de sus tareas en la lucha por el socialismo el combate contra las ideologías y prácticas machistas de sus propios integrantes re-educándolos por medio de la persuasión para permitir, de esta forma, soldar la grieta que el feminismo “lombrosiano” quiere introducir en el seno de las familias obreras. Y entiende que esta preocupación es una obligación que responde a las mejores tradiciones socialistas.

En primer lugar cabe señalar algo evidente, el principal problema que las masas han colocado en la agenda de la lucha desde el 3 de junio no es el problema de la regeneración de los varones violentos. Muy por el contrario, el niunamenos ha sido un grito ensordecedor que reclama que se termine con lo que constituye un incremento cualitativo en un verdadero genocidio contra las mujeres.

Anónimo o no, cobarde o no, delator de la policía o no, el documento al que responde el PO sí coloca el eje del problema en las necesidades de las víctimas. Aquí el PO argumenta que no le consta que este escrache haya sido promovido o reclamado por las víctimas, todo lo contrario, invalida al documento de conjunto porque considera que pretende sustituirlas en su derecho exclusivo a enfrentar a sus victimarios y lo acusa incluso de haber generado inconvenientes a las víctimas, sin dar pruebas de ello.

En lo concreto, ninguno de los dos documentos da pruebas de haber sido elaborado o solicitado o aprobado por víctima alguna. Si el criterio para analizar el debate fuese la voz de las víctimas ambos documentos deberían ser desoídos.

Pero como el PO ha decidido responder, despejado el problema de la opinión de las víctimas, repetimos que a nuestro entender para todxs quienes pretendemos estar al servicio de la causa colectiva reclamada por el niunamenos, nuestros esfuerzos deberían estar colocados en la defensa de las mujeres de la masacre a la que están siendo sometidas y dejar en segundo plano el problema de qué hacer con los victimarios. Al menos en un debate serio.

No obstante, entendemos que es correcta la pretensión del PO de darse las herramientas que considere necesarias para re educar a los militantes que hayan incurrido en actitudes machistas. El problema, otra vez, es cuando pasamos a los casos concretos y bajamos del principio abstracto. ¿De qué tipo de violencias estamos hablando de regenerar? ¿Acaso el PO encontró un método político de persuasión que no involucre el castigo social para recuperar militantes que hayan violado a una compañera, en el supuesto hipotético de que haya ocurrido algo así? ¿Se refiere el documento sólo a casos de violencia verbal o física de baja intensidad, de mediana intensidad o de alta intensidad?

El documento no lo dice, a pesar de reconocer varias veces que se vieron obligados a actuar incluso con severidad.

Otro problema, ¿en qué casos un individuo que ha agredido a una mujer haciéndose merecedor de una sanción “incluso severa” puede regenerar su conducta si no ha enfrentado la sanción moral del conjunto de mujeres y varones, sus camaradas, que ha ofendido con su comportamiento? Porque así como la violencia machista no se reduce a motivos individuales de un sujeto, su agresión no se reduce al cuerpo y sicología individual de la víctima, sino que agrede al conjunto social donde ese individuo es aceptado y del que depende siempre para su realización. La sanción moral del colectivo dañado a través del daño a una de sus integrantes debería ser, incluso en términos generales, una condición necesaria para la regeneración de ese individuo.

Hasta donde podemos entender, el debate sobre la recuperación de violadores seriales no ha sido resuelto por los especialistas de una manera que satisfaga a todos, mucho menos a sus víctimas. En todo caso la conclusión más sensata parecería ser que depende de cada caso concreto. Pero entonces el documento del PO comete un delicado error, el de no aclarar este punto, habilitando interpretaciones muy negativas para los principios que defiende.

7- Encubrimiento


Hasta ahora no hemos opinado sobre el contenido del documento anónimo que provocó la Respuesta. Entendemos que ese documento adolece de una indefinición grave: no es  solamente un escrache ya que incluye un llamado al PO y a la izquierda en general a tomar medidas para erradicar la violencia machista en esas organizaciones y presenta argumentos para un debate. El anonimato del texto a nuestro criterio es absolutamente correcto si se tratase solamente de un escrache, limitándose a exponer la lista de nombres y las supuestas acusaciones, puesto que la característica esencial del mismo es evitar la respuesta judicial de los denunciados.

Pero cuando además de escrachar se plantea un debate tan audaz, cuando se pretende discutir las prácticas y reglamentos internos de convivencia de organizaciones políticas como éstas, lo mínimo que se requiere es que se dé nombre y apellido. No es justo criticar tan duramente a una organización pretendiendo abrir un debate si no se está dispuesto a ponerle el cuerpo a la respuesta. Entendemos que se trata de un criterio elemental de honestidad intelectual.

Por eso no dedicaremos estas páginas a debatir con personas que no se han ganado el derecho a una devolución. Sin embargo, creemos que el PO podría estar acertado en un elemento de su caracterización:

“El texto reclama al Partido Obrero revisar las “prácticas militantes” que “servirían de sostén a la violencia patriarcal”, sin citar una sola “práctica” relacionada con la militancia partidaria que pueda tildarse de violenta de género o discriminatoria hacia la mujer.”

Es cierto por lo tanto, que podría tratarse simplemente de un viejo prejuicio –inocente o artero- contra el conjunto de prácticas de las organizaciones de izquierda o contra el centralismo democrático. Este último ha sido impugnado varias veces en los últimos cien años por detractores del bolchevismo desde posiciones reaccionarias y desde posiciones anarquistas. El mismo Trotsky publicó un folleto en 1938 donde da cuenta de ello, Su moral y la nuestra, donde discute la validez de los argumentos que achacan al centralismo democrático la paternidad de todas las actitudes criminales del estalinismo.

El PO contrapone a esta acusación un resumen de sus experiencias de lucha contra la violencia patriarcal. La defensa es débil porque es imposible resumir tantas pruebas en el contexto de un documento como ese y porque no ataca el corazón del problema.

Para decirlo claramente, desde mi punto de vista el Partido Obrero no encubre machistas violentos por la sencilla razón que sus fundamentos programáticos, aquéllos que un individuo acepta cuando decide incorporarse al mismo, incluyen los principios históricos del socialismo, que entiende al patriarcado y la violencia machista como una de las manifestaciones concretas del sistema capitalista.

En las bases programáticas de otras organizaciones colectivas, por el contrario, como todas las que se reivindican peronistas, por ejemplo, el machismo es un basamento constitutivo ineludible, debido a que adoptan la visión de la Iglesia y el Estado, colocando a la mujer en un lugar subordinado al varón en el metabolismo social. En trescientos años de historia política, los partidos burgueses no han logrado más que equiparar el derecho jurídico de voto y electividad de las mujeres con los mismos derechos de los varones, y la mayoría lo hizo obligada por la victoria de la lucha de las mujeres socialistas que obligaron a los diferentes Estados a obligar a su vez a estos partidos a reformarse.

Pero su concepción de la mujer sigue siendo patriarcal y por lo tanto las mujeres que integran esas organizaciones (ni qué hablar de instituciones del Estado como las fuerzas de seguridad, la Iglesia o la burocracia sindical) están indefensas de toda protección elemental contra la violencia que seguramente ejercerán sus correligionarios masculinos contra ellas más temprano que tarde.

En los partidos socialistas se deben violar los principios estatutarios más elementales para ejercer la violencia machista y se deben quebrar todos y cada uno de los métodos del centralismo democrático para encubrir esas situaciones.

Eppur si muove podría decirse: sin embargo, la violencia machista existe, o al menos el PO lo reconoce. En su Respuesta, el PO rechaza de plano que se trate de otra cosa más que de una acumulación de situaciones aisladas, que se solucionan con sanciones (incluso severas) y herramientas de persuasión (que no detalla).

Cabe plantearse otra hipótesis. En su Respuesta, el PO con bastante ambigüedad parece reconocer que la lista de escrachados es correcta y en varios lugares deja entrever la posibilidad que haya habido múltiples casos. Nos negamos a dar por cierta cualquier versión anónima, pero supongamos que es así: llama mucho la atención la cantidad de casos.

Existe por lo tanto, leyendo el texto del PO, una suficiente probabilidad de que no se trate simplemente de casos aislados. Supongamos que el PO se equivoca y no son simplemente casos aislados que expresan únicamente el medio ambiente de donde provienen estos individuos. El machismo no es la única ideología y práctica nefasta que heredamos las personas criadas por esta sociedad. También heredamos el egoísmo individualista, las necesidades de reconocimiento ególatras, la ambición por adquirir bienes materiales o simbólicos a costa del trabajo ajeno, en suma, el carrerismo y el burocratismo.

El PO no está exento, como ninguna organización revolucionaria o socialista en la historia de la lucha de clases, de recibir personas con ese tipo de herencias. Cabe la posibilidad, al menos en un análisis abstracto y lógico elemental, de que sea más sencillo violar los principios socialistas con respecto a la violencia de la mujer y los métodos del centralismo democrático, si individuos inescrupulosos y amorales torciesen a su favor los límites de una política antipunitivista.

Para expresarlo con total claridad, aún aceptando que el PO defiende el antipunitivismo con las mejores intenciones expresadas, es más sencillo para un machista reincidir o recaer en conductas violentas en una organización que defiende a rajatabla el principio de no hacer pública la denuncia que en una organización que la hace pública.   

Queremos señalar la posibilidad lógica que se desprende de este razonamiento: el antipunitivismo clásico y abstracto que el PO defiende en su Respuesta y que entendemos aplica dentro de sus filas, tiene el terrible límite de posibilitar la reproducción de la violencia machista de sus integrantes e incluso más, hace posible que sea torcido de su función original para encubrir casos de violencia.

Si esta hipótesis fuese correcta, y repetimos que se deduce del propio planteamiento de la Respuesta, deberíamos admitir que este tipo de antipunitivismo así como permitiría la regeneración de violentos podría permitir también la reproducción de esos violentos y su encubrimiento. Esto se evitaría con una política de denuncia pública restringida (al interior de la organización) o pura, hacia el conjunto de la sociedad. Es cierto que de adoptar una política de denuncia pública el PO dificultaría las posibilidades del individuo sancionado de reincorporarse a una militancia plena, amén que se vería en la obligación de sostener un combate legal con el individuo denunciado, etc., etc.

Mientras vivamos en esta sociedad putrefacta, y aun si pudiésemos vivir algún día en una sociedad socialista verdadera, no existen herramientas ascépticas o perfectas, los errores pueden y deben ser cometidos. El tema es qué prefiere unx perjudicar si ha de elegir una opción, a los violentos que no podrán reinsertarse o a las víctimas que no podrán recuperarse plenamente a su vida y militancia.

No tengo ninguna prueba que me lleve a dudar de las mejores intenciones del Partido Obrero, todo lo contrario, sobran pruebas de su absoluta sinceridad como organización de combate contra el machismo. Pero tampoco han aportado pruebas suficientes e irrefutables de que esta segunda posibilidad, de que los individuos desclasados, pequeñoburgueses, enemigos del centralismo democrático se hayan colado en su interior durante los años de crecimiento masivo de la organización y desde allí se aprovechen de los claros límites del principio antipunitivista clásico o abstracto para dar rienda suelta a sus peores herencias en contra de sus compañeras y del conjunto del colectivo.

Esta Respuesta, que anatemiza a toda crítica de feminista lombrosiana (deben haber querido perfeccionar el viejo concepto feminismo falopa) o de pequeño burguesa y tantos insultos, daría mayores herramientas a los machistas para abroquelarse dentro de la organización, si es que nuestra hipótesis fuese correcta.

8-Doble moral


Merece un último párrafo aparte una sola oración que sería suficiente para impugnar toda la Respuesta del PO en términos estrictamente socialistas:

“Todos los casos mencionados en el texto corresponden a situaciones relacionadas con la vida personal de los militantes involucrados.”

En primer lugar, lo que ya dijimos, la irresponsabilidad inentendible de confirmar una denuncia anónima colocando a todo el organismo en el riesgo de sanciones legales por parte de la justicia burguesa. En segundo lugar, el PO se defiende de las acusaciones sobre supuestas prácticas que promueven o encubren el machismo apelando a una fórmula que claramente defiende la posibilidad de sostener una doble moral: una cosa son las acciones políticas del militante y otra cosa son las acciones de su vida personal.

Algo que el PO no ha admitido como argumento en ninguna de las denuncias que ha presentado o apoyado contra militantes de otras fuerzas políticas. Ya que se ha referido tantas veces a las tradiciones socialistas, entiendo yo, con toda la modestia a mi alcance, que ningún socialista serio en la rica historia del socialismo ha defendido la posibilidad de que sus militantes puedan violentar en su vida íntima los principios que defienden en su vida pública.

Esa doble moral es la expresión concreta de otro gran defecto moral heredado de la sociedad de clases: la hipocresía. Si combinamos la aceptación de la doble moral como principio de funcionamiento interno con los límites posibles de una política antipunitivista clásica o abstracta, la hipótesis de la posibilidad de manipulación y desarrollo de violentos y encubridores se hace más firme.

9-Construir puentes no dinamitarlos


En su genialidad, José Hernandez nos legó una hermosa metáfora política en el Martín Fierro: la ley es como el cuchillo, no ofende a quien la maneja. Efectivamente, el derecho y la justicia en nuestra sociedad funcionan hiriendo siempre a las clases explotadas y oprimidas, porque fueron diseñadas para que no lastimen por el mango a los (y las) funcionarios/as al servicio de los poderosos.

En este caso tenemos dos textos que debaten sobre la mejor forma de terminar con la violencia machista que nuestra sociedad ejerce contra las mujeres. Sin embargo, los límites de cada documento lastiman a quienes los han escrito y sus mejores intenciones, como si para las clases explotadas y oprimidas las armas que han forjado para luchar contra la injusticia fuesen cuchillos con filo en cada punta.

En un breve y claro libro de 2010, Las sin parte: matrimonios y divorcios entre feminismo y marxismo, (http://xa.yimg.com/kq/groups/27002989/1770927101/name/C&A-6+Las+Sin+Parte.pdf) Cinzia Arruzza, una especialista en teoría de género italiana que milita en el movimiento feminista norteamericano que organizó el último 8 de marzo en ese país, reivindicada por el PO y otras organizaciones de izquierda, hace una descripción bastante plausible de las diferentes etapas en la contradictoria relación de las organizaciones que se dedican exclusivamente a la defensa de los derechos femeninos (feministas sin adjetivación) con las organizaciones que también luchan por esos derechos pero dentro de una lucha general contra toda la sociedad capitalista, en esencia los partidos obreros herederos de la tradición marxiana.

En este libro y en otros, esta pensadora convoca a encontrar los caminos posibles para un entendimiento mutuo y una lucha coordinada y organizada entre ambas tradiciones. De tradición intelectual marxista, Arruzza despliega una notable erudición marxista para desarmar todos los argumentos teóricos feministas que niegan la interrelación entre el patriarcado y las sociedades de explotación clasistas, siendo necesario terminar con el capitalismo y todo tipo de explotación de clase para erradicar definitivamente las bases materiales del machismo. En este sentido es tajante, el machismo es un problema que se ancla en la ley del valor y el metabolismo capitalista, no se trata de un problema meramente cultural o de invisibilidad de prácticas.

Al mismo tiempo, hace una férrea y muy convincente defensa de la necesidad de comprender la forma concreta en que el capital se vale del patriarcado para explotar y oprimir a las mujeres en nuestra época, llamando la atención contra razonamientos marxistas vulgares que aceptando la determinación marxista del problema en abstracto desestiman las problemáticas particulares que sufren las mujeres trabajadoras concretas en nuestra sociedad y, por lo tanto, quedando estériles a la hora de acompañar a esas mujeres en su lucha por enfrentar la violencia machista en el camino de la lucha contra el régimen.

En este sentido, Arruzza encuentra en los últimos planteamientos de un sector de la teoría de géneros o queer, elementos suficientes para encontrar ese puente teórico. Resumiendo brutamente un planteo que es mucho más sutil, Arruzza asegura que una postura que plantee la identidad de género como producto de una construcción individual, desprovista de imposiciones culturales extrañas sólo es posible en una sociedad donde no sea necesario explotar a otra clase social para que el metabolismo social funcione.

Acertada o no, Arruzza llama a las organizaciones que pretenden terminar definitivamente con la violencia machista y patriarcal y la heteronorma a abandonar sus prejuicios contra el centralismo democrático, el marxismo y las organizaciones mixtas socialistas y a éstas últimas a dejar de ver la producción del activismo de origen pequeñoburgués o intelectual que construye la mayoría de las organizaciones feministas como simples e inútiles posiciones individualistas esencialmente enemigas de la dictadura del proletariado.

Hace casi un año publiqué un texto llamando a esta misma unión con la excusa de una nueva diatriba del Papa Francisco anatemizando a las teorías de género como diabólicas en su paso por Georgia, la vieja patria de Stalin (http://santoscapobianco.blogspot.com.ar/2016/10/dios-familia-y-negocios-quien-es-el.html).

En febrero de este año, analizando algunos aspectos de la violencia machista en las organizaciones de izquierda a raíz de una denuncia contra un militante del PTS, publiqué un texto que no ha merecido la opinión de nadie donde expliqué que a mi entender:

“Las campañas en las redes de parte de organizaciones de todo color político que buscan desprestigiar a todo un colectivo por situaciones individuales de sus miembros más o menos destacados, no contribuyen un ápice a que esos organismos atacados deslealmente desarrollen mecanismos para erradicar la violencia machista en sus filas. Todo lo contrario, generan una reacción natural de bloqueo y auto-negación.

A las compañeras que han decidido construir partidos, agrupamientos o sindicatos en función de tal o cual objetivo colectivo no les parece grato o atractivo que se destruya esa organización. En la mayoría de los casos que han tomado publicidad no se las escucha pedir la abolición del rock o de las organizaciones que construyen o construyeron.

Del otro lado, cuando estas organizaciones son atacadas con deslealtad egoísta por los intereses electorales mezquinos de las organizaciones atacantes, sus integrantes tienden rápidamente a minimizar la existencia de situaciones graves de violencia machista en su interior, anatemizando a les críticos/as honestos y lo que es supinamente peor, a sus propias compañeras denunciantes, con acusaciones de faccionalismo o de “feminismo falopa”.

Promueven de esa forma un aislamiento social que opera intensificando los desgarros de la violación original, frustrando la ilusión de las víctimas que descuentan la solidaridad incondicional y automática de la organización donde militan. Todavía más, bloquean la posibilidad de desarrollar el debate y las iniciativas necesarias para erradicar de una vez para siempre el machismo latente en mayor o menor medida en sus organizaciones.”

(http://santoscapobianco.blogspot.com.ar/2017/02/me-arrepiento-de-este-amor.html)


Este debate entre dos documentos, uno anónimo y otro que representa a una de las organizaciones socialistas con mayor influencia en la lucha de clases actual, me parece que lamentablemente demuestra el problema señalado. Los argumentos de ambos, aún tomados en su lectura más optimista y positiva, lejos están de contribuir al desarrollo de un programa común para una intervención en la lucha contra el Estado capitalista y patriarcal que nos exige todo o contrario.

Lejos de querer ser salomónico ni esquivar el bulto, como bien demuestra el PO en su Respuesta nunca es sano pelearse con fantasmas, intentando deducir sin fundamentos quién o quiénes se esconden y con qué objetivos detrás de un documento anónimo, nobleza obliga después de tan extensa y minuciosa exposición, fijar una posición clara ante la Respuesta ultimatista del PO.

Entiendo que no se puede cerrar filas con un documento que no representa las mejores tradiciones del PO en su rica trayectoria de lucha.

La Respuesta del PO no logra demostrar que se trata de un ataque policial o estalinista; deforma forzadamente pero no demuestra que el escrache en redes sociales es una forma de lucha propia de la pequeñoburguesía liberal individualista que se opone a la organización y lucha colectiva; deforma forzadamente argumentos pero no demuestra que la apelación al escrache esconda una posición punitivista propia de un feminismo burgués “lombrosiano”; no demuestra que el antipunitivismo sea el mejor método para erradicar la violencia machista en el interior de una organización revolucionaria; no demuestra tampoco que el antipunitivismo garantice el mejor método para la re educación de varones violentos; no demuestra que el antipunitivismo sea infalible contra el posible encubrimiento y finalmente sostiene un criterio ajeno a la tradición socialista como es la doble moral.

Con mucha pena, el PO termina con 50 años de un aporte inestimable a la clase obrera que lucha por el socialismo, su histórica capacidad para clarificar debates y posiciones programáticas. Justo en el peor momento, cuando más necesario es aportar claridad por las fuertes presiones que sufren las masas en nuestro país y el mundo, en uno de los puntos más sensibles de la clase obrera, el ataque genocida contra sus mujeres.

Para colmo, lanza un documento que podría enemistarlo gratuitamente con la enorme mayoría del activismo independiente que hace muy poco ha comenzado a desarrollar una experiencia en esta gigantesca lucha planteada, cuando debería tener la paciencia y madurez necesarias para encontrar los mejores caminos frentistas.

No cabe desanimarse, sin embargo, ya que las clases que no poseemos recursos materiales y simbólicos porque nos son expropiados y retaceados sistemáticamente por nuestros/as explotadores/as siempre nos vimos obligadas a cruzar un sufrido camino de matrimonios y divorcios para usar la metáfora más apropiada en este caso particular. Hemos forjado cuchillos filosos que ya han sabido lastimar a nuestro enemigo de clase y serán letales cuando sepamos mejorarlos y aprendamos a usarlos contra quienes corresponde.

Por un frente único de lxs diversxs géneros de la clase obrera contra el patriarcado capitalista, el machismo, la heteronorma y todo tipo de opresión.

Por un Partido Obrero y un Gobierno de lxs trabajadorxs.


Por el socialismo, el paraíso en la Tierra.