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miércoles, 30 de diciembre de 2015

Flashando Whitman en Aluminé


Ensayo sobre una idea de Borges

 

Es simple. Bello, Surge de lo concreto: un corto tubo de cobre. El herrero de la comunidad neolítica, pule una imitación del hueso primitivo. Es lógico, después de centenares de miles de años de prueba, que si de un agujero salen tantos sonidos diferentes, según la concavidad de los soplidos, que de varios agujeros emerjan otras tantas gamas de sonidos y matices.

 

Cuando arawcanos, tewelches o mapuches, aymaras y kíchwas trocaban los huesos por duras tacuaras o maderas o tortuguitas de barro cocido, el herrero del bosque frío y húmedo del Gran Norte quería jugar con el cobre.

 

De viejo, sin la presión constante del trabajo y la seriedad, se ha permitido volver a ser niño, su alegría en medio de los cardos dorados, lilas y azulmarinos, los cantos rodados rosados y topacio, el anaranjado de las nubes y las faldas del piedemonte, la rosácea cumbre nevada del volcán, la aterciopelada piel del río, se le escapa del pecho como canto, como sonido.

 

Y a la flauta que inventó, le llama silbido metálico.

 

Y es que la música es pre-existente a la poesía como el canto y la alegría son pre-existentes a la palabra aticulada, la oración, la métrica o la rima. Todavía más, la música es una condición necesaria de la poesía, sin la música, la poesía, sencillamente, no hubiera existido.

 

La música está en nosotros, especie joven y débil, desde que la imitamos en la naturaleza. Será por eso que seres tan bellos como el neoyorquino Walt Whitman, el entrerriano Juanele Ortíz y el garupense o garupeño Ramón Ayala nos son tan adorables y universales; ellos toman a la naturaleza como objeto poético, reconciliando a madre e hija, hermanándolas para completar la belleza consciente. Y nunca pierden de vista que el ser humano, su tragedia, su drama o su comedia, son parte íntima de esa naturaleza.

 

Existe un flautín de cobre, un silbido metálico calibrado en Re que sólo suena correctamente cuando entona viejas melodías épicas y agridulces, prohibidas por los romanos invasores y sus sucesivos cleros, el pagano y el posterior y póstumo catolicismo. Y sólo si es silbada en medio de un bosque, al lado de un río o lago, al pie de la falda de una enorme montaña, es efectiva. En medio del cemento o el durlok, bocinazos y gritos, es difónica.

 

Somos un destello particular de esa serie de causalidades tan infinita que sigue estallando espiraladamente por el tiempo y el espacio, mutando materia y energía, en permanente oposición, lucha y superación o entropía. Y sin embargo no puedo explicarme la música que fluye de mi pecho, aire que juego con los deditos a que dice algo, que canta como el río de pliedra o el de pluma, acá, en Aluminé.

 
Eso somos. Simple y sencillo. Concreto.

martes, 29 de diciembre de 2015

Tierra barrosa salpicando el paisaje

Impresiones de un escritor en viaje por el Valle del Río Negro
 

Después de seis horas en el lechero al fin el suelo empieza a ondularse. Kilómetros interminables de llanura, pura pampa, se pliegan. Al pricipio como sábanas que muestran una rodilla, un codo debajo. Luego, como bloques que anticipan tempranamente las altas cumbres a las que me dirijo, hacia el oeste.

Recuerdo a Valadimir Lenin, cuando escribió que el viajero ve en el lugar que visita aquello que uno es: el comerciante ve oportunidades, el especulador posibilidades y así.

Imposible escaparase, al menos en las primeras impresiones de viaje, que todavía están demasiado atadas a la racionalidad de la rutina cotidiana. Todavía no hemos logrado la distancia física que permita el desepeje emotivo para dejarse sorpender con la realidad que se escapa a lo que uno es, y he ahí lo mejor de viajar.

Entonces, me encantaría quedarme viendo el paisaje patagónico al sur del río Colorado con la fascinación de un geólogo, asombrado de la forma en que el relieve se va plegando y quebrando a medida que penetramos el occidente. No puedo evitar que se cuele el historiador y me imagino a Charles Darwin, padre de la ciencia paleontológica y de la Teoría de la Evolución Natural de las Especies, recorriendo a caballo esta otra pampa ondulada que es la Patagonia en su nacimiento.

De repente intento imaginar ese mismo paisaje con los ojos del paleontólogo, idenificando en las laderas de los cerros las huellas del antiguo océano que cubrió la región miles de millones de años en el origen del planeta, calculando con precisión dónde estarían los mejores yacimientos de dinosaurios fósiles para seguir incrementando empíricamente las pruebas de su revolucionario descubrimiento: el tiempo y el azar fueron los demiurgos de la humanidad, ningún dios fue necesario.

Pero no soy geólogo, ni paleontólogo y muy poco queda en mí de verdadero historiador. Si escribiese como periodista, pensando en la posibilidad que alguna revista dominical de un gran diario comprase esta nota, probablemente pudiese quedarme en el paisaje y las anécdotas que nos colocan cerca del eje central de la vida del planeta, para gloria y loor de nuestra historia nacional.

Pero no puedo.

Ya se cuela rápido en la crónica que al lado de Darwin, a caballo o en carreta, se quita el polvo árido de las botas de cuero el mazorquero, el dictador gaucho de la primer república burguesa en las pampas que pudo gorbernar más de 5 años seguidos con el mismo reglamento y se quedó dos décadas, Don Juan Manuel de Rosas. En realidad el científico británico cabalgaba invitado a la primer expedición militar del Estado heredero de la Revolución de Mayo contra los territorios hostiles de tehuelches, mapuches y araucanos. Venía a legitimar con fines científicos la obra de conquista y aniquilación de los pobladores locales que tanto necesitaban los estancieros vacunos y saladeros del sur de la Provincia de Buenos Aires, como cuarenta años después haría el Perito Moreno con las delegaciones del asesino del desierto, Julio Roca.

No es ni siquiera lo más pérfido del asunto, pero vale la pena detenerse en lo paradójico de que el gran estanciero restaurador -entre otras lindezas- del culto católico ultramontano en el Estado pos revolucionario, permitiera al científico inglés recabar pruebas para lo que fue la última gran demolición de la teoría cristiana del origen del universo. La paradoja se diluye cuando uno recuerda que la única fe en la que creía Rosas era el dinero y sus relaciones comerciales con la madre patria inglesa siempre fueron más fuertes que la ideología o los principios para gobernar estas tierras.

Y a medida que la vegetación del humedal pampeano va quedando rezagada a nuestras espaldas por la flora raleada y el pedregal más propios de la diagonal seca patagónica, en lugar de perder la imaginación y el disfrute de los sentidos en esa digna y estoica forma que el subsuelo del mundo tiene para emerger ante nuestros ojos en forma de mesetas y cerros, colosos de Rodas del mundo natural; en lugar de embellecernos el espíritu con los álamos y los verdes oasis en el vado de ríos y arroyos de origen andino, nos empieza a piquetear la sensibilidad la ausencia de miles y millones de seres que fueron borrados del paisaje por el Estado argentino desde que Bernardino Rivadavia comenzara una larga guerra de exterminio allá por mil ochocientos veintipico, contratando masacradores profesionales prusianos para expropiar las Salinas naturales de la Pampa.

Toda la toponimia de pueblos y ciudades a la vera del valle del Río Negro repite y reivindica a conquista. Los lugares se han ido desarrollando lentamente desde las postas militares y la línea de fortificaciones que el Ejército fuera plantando en la Campaña de Roca en los años setenta del siglo XIX.

El lechero para en Choele Choel, voz araucana para normbrar el amarillo de las flores rústicas que pare la amarga tierra pedregosa pero que no me permite retener el sabor de la poesía aborigen ni la increíble sensación de estar viendo uno mismo los paisajes que nutrieron la infancia del gran Rodolfo Walsh, porque me asalta el terror de los miles de soldados azules y el gran campamento de asesinos que montara Roca para dirigir el tramo final del etnocidio.

¿Es mi imaginación solamente? ¿Una especie de incapacidad emocional repudiable o es que el agreste y rudo paisaje retiene el amargo dolor de la carnicería humana? ¿Se trata de un zurdo aguafiestas incapaz de “desconectarse” en vacaciones o realmente la sangre seca derramada en estos cantos rodados, en la piedra caliza, en las motas de arbustos esparcidas gritan un aullido imposible de negar?

Desde Villa Regina empieza a crecer otro paisaje, más florido, de árboles verdeazulados enchidos de peras, manzanas, cerezas y pelones. Florecen las frutas más dulces y de bello aroma en la herida fértil que la humedad del río tajea en la aridez patagónica. Kilometros de ocres y marrones, amarillos y celeste de cielo rotos por centelleantes verdes que cortan también la costumbre de la rutina horizontal. Pero acá no hay naturaleza ni azar, acá están los herederos de la burguesía rioplatense repitiendo con 10 mil años de demora la canalización artificial del riego pluvial, desviando las lágrimas de las cumbres nevadas para parir chacras de árboles frutales en medio de un clima con la humedad exacta para ese tipo de frutos.

El Río Negro y sus afluentes el Neuquén y el Limay, más angostos que los elefantes de la cuenca del Paraná pero mucho más feroces y rápidos de movimientos, cristalinos cuando los dejan, lecho de piedra y no de limo, reproducen la vida allí donde había puro desierto, como el Nilo o el Éufrates.

Las chacras hacen imposible olvidar la mano ordenada y regulada del dueño, del propietario, diseñando dónde cavar la acequia, dónde y en qué sentido plantar para luego recolectar y empacar, cerca de la ruta para cargar los camiones y transformar tanta naturaleza en mercancía para el mercado, en materia prima del jugo Cepita que te tomás desde que tenés 10 años.

Los álamos rodeando los alambrados que delimitan la riqueza del propietario de las tierras y los seres que en ellas son explotados son el símbolo perfecto de esta amargura contradictoria: bello árbol que junta sus ramas en un intento aerodinámico de llegar más alto en su camino desde la entraña terrestre al cielo de la libertad es transformado por chacareros en centinela de los campos de explotación. La naturaleza ha sido dominada, rectificada, reubicada. Su objetivo inicial ha sido expropiado y transformado en producto.

Pero no es ésto lo que lastima. Lastiman las heridas cortantes en las extremidades de los cosechadores, la piel curtida de la zafra al ardor del sol, el cansancio muscular de las miles de horas subiendo y bajando de la escalera, las picaduras de decenas de tábanos y abejas en la demacrada piel. Y el hambre que deviene del salario ridículo, y la humillación de capataces y patrones que te tratan así como se trata al sobreviviente mestizo de la etnia conquistada, que te arroja en la cara el desprecio que dedican a las bestias en el campo. Lo mismo si sos heredero del suelo arrancado que si fuiste arrancado de otro suelo, de otra montaña y otra ceja húmeda en el Tucumán o Salta y traído acá por el hambre de allá, trabajador golondrina que te dicen pero sin un destello de la poesía de la bella ave que surca los cielos para conseguir mejores primaveras, nómade eterna que fija su domicilio en ua estación en lugar de un código postal.

Es que la civilización se ha abierto en esta parte del Valle medio del Negro como un tajo también de relaciones personalizadas de poder, en una dictadura de cuerpo presente que expropia propios y lejanos para darle al jugo de la fruta un sabor mucho más amargo que el que aportan los colorantes artificiales, el del sudor agridulce del explotado semi-esclavo, que no ha visto pasar por aquí ninguno de los disfrutes de la “democracia” ni los “derechos sociales”. La capital de la fruta del Alto Valle del Río Negro corona en el toponímico el orgullo del capitalismo conquistador y esclavista. No han decidido los funcionarios del Estado, que son ellos mismos los encarnadores de las “fuerzas vivas” de la comunidad, reflejar el atributo “republicano” de Julio Argentino Roca sino su carácter de fuerza dictatorial, verticalista, de la órden férrea y el poder del fusil rémington, el carácter civilizador de la guerra, la promesa de prosperidad del guerrero imperial. En lugar de Presidente Roca han decidido homenajearse cada vez que declaran su domicilio legal con el General Roca.

Para colmo, síntesis perfecta de lo que digo, la Ariadna trotskista que me guía en esta parte del viaje, me acota que la población consciente de General Roca reivinica para su pueblo el antiguo nombre que los mapuches le dieron, Fiske Menuco, tierra barrosa o pantanosa. Descripción realista del lugar que habitan, barro que se organizará paa sublevarse y reconquistar su identidad. Porque el pueblo sufrido de este sur patagónico no ha permitido que los conquistadores venzan totalmente y se ha recompuesto y continuado la lucha de los primeros pobladores, pariendo Patagonia Rebelde y llenando de a poco las escuelas, los sindicatos y los parlamentos, los organismos del poder burgués, de flores revolucionarias, de cuadros y combatientes que tienen el gobierno obrero por meta y camino, lejano y bello sueño.

Y uno para en Cipoletti después de 15 horas para que el lechero cargue nafta y ponerle agua caliente al termo, revisar de nuevo el wasap y el feis y darse de lleno con la cruda realidad humana del jornalero tucumano que yendo a reclamar su justo derecho a trabajar bajo convenio recibió una golpiza de hospital de parte de capataces y patrones para terminar declarando bajo juramento oficial que más de 60 compañeros suyos, varones y mujeres, trabajan en condiciones de eslavitud en la empresa cerecera Vista Alegre Sur cerca de la capital neuquina donde inicia relmente esta simple semana de vacaciones que hemos podido arrancarle a la explotación de todo un año, en doce cuotas sin interés.

Vuelve rápidamente del archivo de la memoria a presentarse en la mesa de entadas de la conciencia el caso de Daniel Solano, trabajador golondrina nacido y criado en el Tartagal salteño, que intentando activar a sus compañeros para salir del hacinamento en los corrales y barracas, de los magros sueldos y las terribles condiciones de trabajo, fuera desaparecido por la policía de Choele Choel en 2012, bajo órdenes de empresarios de la fruta y políticos patronales, que son lo mismo.

Pequeña y modesta, aunque significativamente cruel muestra de que uno no es un aguafiestas incapacitado para disfrutar el paisaje natural sino de que el pasiaje natural de estas tierras arroja cantos rodados de sangre y sufrimiento ante quienquiera contemplarlo. Lo difícil es en Río Negro y Neuquén hacerse el boludo y ver tan sólo un bello oasis de vegetación húmeda floreciendo en medio del desierto seco y agreste de la Patagonia.

No hay ningún misterio, Lenin tiene razón, uno es capaz de observar lo que uno lleva impreso en su ser. No soy geólogo, paleontólogo ni historiador, no puedo sostener una mirada científica de la naturaleza que me invade. Tampoco soy ya un turista pequeño burgués con sus realidades materiales satisfechas viviendo en un mundo de ilusiones.

Noto la coincidencia maravillosa: en Choele Choel se ambienta parte de esa excelsa crónica del viaje interior, rutero, de Osvaldo Soriano en el Torino negro de su padre fallecido, describiendo con exactitud el pasiaje natural y social de la Patagonia profunda y la derrota y amargura de la generación que creyó tocar el cielo con las manos en el 73 y en el 83. El genio sensible de Soriano me ha poseído y yo me he dejado poseer.

Sigo viaje, la montaña me espera, la entraña del planeta reinando sobre nuestro mundo, el inconsciente a flor de piel.
Otro lechero, otros recuerdos, otros paisajes, otros espíritus para incubar.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

No habrá más pena, ni olvido (Carta abierta a mis compañeros y compañeras, estudiantes y de trabajo, en la media 5)

Hoy, miércoles 23 de diciembre fue mi último día de trabajo en el horario nocturno de la vieja EEM nro. 5 de Villa Soldati. El último de casi 8 años. Esto no es una despedida definitiva, porque en febrero pasaré a licenciar mis horas titulares y perder 4 horas interinas, porque el Ministerio de Educación no tiene la honorabilidad de permitirme mi derecho estatutario a trasladarlas.  Allí espero hacer mi despedida definitiva, si el tiempo y la distancia me permiten procesarla.

Se trata, por lo tanto, de una primer despedida, o despedida preventiva. Algo más cercano a las vísceras que al análisis científico, más cerca de la crónica que de la noticia.
Y el primer párrafo resume exactamente lo que vengo sintiendo desde hace tres años y que me veo obligado a hacerme cargo, ya que desde la dictadura para acá la docencia ha venido retrocediendo a las condiciones laborales previas al Estatuto, estamos cada vez más atrás del ´58. Deberíamos hacer como los historiadores y decir dV, años “después de Videla” y contarlos negativos.

Estos últimos 8 años nos sirvieron a los docentes de mi generación, los de la “garantía mínima” kirchnerista que acható la escala salarial y las jubilaciones, para ver de lejos a las últimas compañeras egresadas de Normales y vislumbrar algo de la vieja profesión. Pero en pocos años la vimos dar un salto de calidad, en su putrefacción.

Y no sólo salarialmente, los burócratas del Estado, tanto funcionarios del ministerio como burócratas sindicales, hicieron mierda el sistema educativo, lo llenaron de papeles y despachos –y cargos para rascarse el higo, claro- y lo único que les sale bien son sus iniciativas para hacr mierda el laburo docente, y a la docencia, y reventarnos.

Tuve el triste privilegio de atestiguar y protagonizar uno de los lugares donde más se pudre, acompañando claro la pudrición de las relaciones sociales en Villa Soldati. Fueron 8 años de mucho dolor, de compartir mucho dolor. De los estudiantes y sus familias en primer lugar, de mis compañeras y compañeros en segundo.

Hemos enterrado estudiantes que no llegaban a los 20 años, muchas veces, demasiadas. También visitamos hospitales y casas velatorias por compañeras/os de trabajo que no llegaban a los 60 años.

No voy a mentirles. Desde el 2011 la cosa ha empeorado. Me voy después de tres años de duras derrotas. Y ante la evidencia que yo no puedo hacer más nada ahí.
Pero no me voy derrotado, contradictoriamente.

Porque estoy vivo, porque no pudieron quebrarme. Porque sencillamente no me derrotaron, porque sigo luchando contra ellos. Mejor, porque voy a seguir pretendiendo hacerlo todo lo que pueda.

Y tengo la conciencia plena que si no me quebraron es porque también en Villa Soldati aprendí muchas cosas que me fortalecieron, me endurecieron sin hacerme perder la ternura, todo lo contrario, me blindaron la ternura. Me la hicieron más corrosiva, más hiriente.
Porque entre 2008 y 2010 luchamos. Porque esa hermosa y demasiado golpeada juventud tomó varios días la escuela media lindera, la Jauretche, la más peronista de todas, la más popular, el nudo que ataba miles de vidas del Carrillo, Villa 3, Piletones, Monobloks, Barrio Illia, Rivadavia y 1-11-14 en el Bajo Flores, Villa 20 y las Torres en Lugano y los que vi nacer, como Los Pinos. Y esa mezcla explosiva cortó Puente Alsina por primera vez desde el 26 de junio de 2002 cuando mataron a Kosteki y Santillán (pero también el día que el movimiento piquetero echó a Duhalde, el sexto y último presidente que echamos en menos de 7 meses).
Y esa juventud maravillosa, sufrida, luchadora, generosa, creativa, loca, me dio el sumo honor de volver seis años después al mismo lugar, para volver a vencer. Porque no sólo logramos con el movimiento estudiantil evitar que se corten las miles de becas secundarias sino que además echamos al primer Ministro de su flamante gabinete, el recordado Narodowsky, burócrata estalinista de CTERA devenido alcahuete patronal. O evolucionado burócrata estatal.

Y después que esa camada hermosa fue devorada por el mercado laboral o la maquinaria sangrienta de la descomposición social, la delincuencia, el narcotráfico o el gatillo fácil, -un reflujo con bases similares al de la posguerra civil soviética- seguimos ganando. Porque denunciamos sistemáticamente la inseguridad originada por la zona liberada permanente de la 36ª con las bandas de narcos y tranzas (con “z” de nazi) y no nos callamos ningún afano o intento de homicidio. Y de esa forma protegimos a nuestros estudiantes lo poco que pudimos.

Y nos ganamos la ampliación de la sala maternal a fuerza de piquete y asamblea, y metimos la única movilización callejera masiva, con más de 1200 compañeros/as de las barriadas a la Legislatura, que obviamente el legislador del FPV Tito Nenna se encargó de desviar, maniobrar y abortar. Tito Nenna, el padre de la burocracia estatal, peronistadeizquierdaochentoso devenido Secretario Generalísimo de UTE-CTERA sobre la base de una expropiación (como los burócratas de la pos-perestroika en la exURSS) del sindicato más democrático y representativo y de lucha que tuvo nunca la docencia porteña, la vieja UeMePé que reventaron cuando eran Ubaldinistas.

Hasta me dí el lujo de escupirle unas cuantas verdades en la cara a ese enorme cuadro burgués, cínico y despiadado, que es el Ministro Bullrich. Fue en el 2013, cuando me pusieron una .45 cromada en la mirada y obligamos al Ministro a comparecer en la escuela, a dar la cara y reivindiqué para mis compañeras y compañeros la dignidad de decirle al patrón las cosas como son: le dije que tenían con nosotros la política educativa a la “Ringo” Bonavena (de paso digamos que el señor Bullrich no sabía quién era el mayor ídolo popular que le dio el boxeo a este país, un filósofo de barrio, bien proletario).

-Porque ustedes nos ponen en las escuelas, nos tiran al ring, y después “nos sacan hasta el banquito”. Eso me lo enseñó mi vieja, de Ringo, y mi vieja no era fan de box, era ama de casa y costurera, de las que amaban a Julio Sosa y el Club del Clan. Nos sacan el salario, nos pagan mal y a destiempo, nos hacen laburar cada vez más horas, más días para cubrir menores porciones de la heladera, para ni siquiera tener tiempo de ocio para descargarnos de toda la mierda que consumimos en la escuela, nos rompen la salud y nos hacen imposible pedir licencias médicas. Nos empujan a la enfermedad y a la muerte, a las enfermedades pscicológicas y siquiátricas, a la automedicación y el abuso de sustancias químicas para sostener el cuerpo en un aula. Y hasta la seguridad nos sacan. Y los libros, las computadoras, internet, ventiladores, baños, viandas nutritivas, edificios en buen estado. Todo nos sacan.

Masomenos, le dije.

Todo nos deben hermano, porque es guita nuestra la que paga sus salarios abultados de funcionarios. Y me pude dar el gusto de que un representante docente le cantara las cuarenta al patrón para estar a la altura de los estudiantes, que lo hicieron en la Legislatura, inmortalizada en esa foto icónica de Clarín del melli Lucho con la remera amarilla y negra de “Libertad a Callejeros” pintada en el pecho. Y lo pude hacer por la fuerza de esa lucha, por la resistencia moral de la mayoría de mis compañeros y compañeras.


Bullrich ganó pero incluso nuestra derrota sirvió para que el barrio mejore. Desde 2010 la dirección de la escuela en acuerdo con el Ministerio y con la venia de la burocracia de la celeste, dirección heredera de Tito como la AFA lo es de Grondona, pactaron la construcción de un edificio propio, que nos permitiera desparasitarnos de la Escuela Primaria donde dábamos clase en turno noche, a cambio de la destrucción del movimiento de lucha que construimos estudiantes y docentes.

Nuestra derrota parió un edificio mucho mejor que la bosta que construyeron Ibarra-De la Rúa en 2000. El último eco de la lucha.

Todo ese dolor y esa lucha, ese baño ácido de dignidad que gritan los pechos de Soldati también me hizo crecer como persona, como obrero, como luchador, como delegado, como militante. Allí nació en mí el optimismo suficiente para animarme a ser padre y en esa escuela Leyla concurrió a su primer experiencia de socialización fuera de la familia y aprendió sus primeras nociones. Las seños María Elena y Ceci que hacen magia con dos pedazos de goma eva una sonrisa, mucha inteligencia, coraje y fuerza física. Todo a cambio de un salario perruno y ningún reconocimiento. Salvo el de sus alumnitos/as y familias. Las madres, bah, porque es raro ver padres allí, han reconstruido un destello de matriarcado en medio de la barbarie.

(Qué interesante, ya que el matriarcado surgió como la respuesta de las madres ante el canibalismo de los padres en épocas de miseria extrema y salvaron la vida de la especie)
Podría contar mil anécdotas y todavía no cabrían en ningún texto publicable. También eso me dieron, me dieron la materia prima para animarme a traducir mi odio de clase y de barrio, de explotado, en palabras, tejerlo en oraciones y el coraje de publicarlo. Me hice escritor.

En el único lugar que me sentí a gusto en estos años fue el depósito que la dirección permite usar de vestuario, oficina y sala de estar a los y las auxiliares de la escuela. En los años más duros del aislamiento, del exilio en el aula, sólo me sentí bien entre verdaderos/as obreros/as. Sin hipocresía de clase, nunca se avergonzaron de ser explotados y nunca se dejaron humillar del todo. Sin armas. Con otra burocracia de cuño kirchnerista, el SUTECBA de del “Tano” Genta y Datarmini, otros octogenarios de la burocracia entreguista peronista. Que los vendió antes que la celeste de UTE a nosotos/as y a cambio de su libertad “bajo palabra”.

Cómo los voy a extrañar. Pibes, gurisada linda, compañeras y compañeros de laburo.

Me llevo eso, que tuve la oportunidad de hacer realidad esas sabias palabras que dijo Marcelo Ramal en la inauguración del viejo local que el Partido Obrero, el Polo Obrero, la UJS y Tribuna Docente de Villa Soldati sostuvimos contra todo tipo de presiones –del Estado, los partidos patronales, los delincuentes y las patotas- en la calle Ana Maria Janner.
Ramal dijo algo así como acá van a poder ver a los docentes bolcheviques como lo que son, no los docentes tradicionales que adoptan una “distancia alumno-docente”, sino como compañeros de lucha por la educación y las condiciones de vida del pueblo.

Y es así. Fueron ocho años de la más bella camaradería entre estudiantes, familias, profes, maestras, preces, bibliotecarios, psicólogos, asistentes sociales, auxiliares, tercerizados de seguridad, fuimos hermanos y hermanas de la misma lucha cotidiana contra los que nos explotan. Muchas gracias por haberme sostenido. Mi más grato recuerdo vive con ustedes.

PS: Perdonen que no los/as mencione uno/a por uno/a pero tendría que ponerme a hacer un listado y no dejar a nadie afuera y ustedes saben lo que odio “hacer papeles”. Nos vemos en la lucha.

jueves, 17 de diciembre de 2015

La despedida (epílogo)

"El dinero lo es todo en la sociedad capitalista, porque es el medio real, concreto y único, que para bien o para mal, liga el hombre a la vida, a sus posibilidades y a sus carencias. Si tengo vocación para el estudio pero carezco de dinero para estudiar, entonces, no tengo vocación, es decir, no tengo vocación para el estudio. A la inversa, si realmente no tengo vocación para el estudio, pero poseo el dinero y la voluntad para hacerlo, tengo una vocación efectiva... [El dinero] es la confusión y el cambio de todas las cualidades naturales y humanas (...) transforma la fidelidad en infidelidad, el amor en odio, el odio en amor, la virtud, en vicio, el vicio en virtud, el siervo en amo, la estupidez en inteligencia y la inteligencia en estupidez. [En una sociedad que sea humana] entonces, el amor sólo puede intercambiarse por amor, la confianza por confianza, etcétera. […] Cada una de tus relaciones con el hombre y la naturaleza deben ser una expresión específica, correspondiente al objeto de tu voluntad, de tu verdadera vida individual. Si amas sin evocar el amor como respuesta, es decir, si no eres capaz, mediante la manifestación de ti mismo como hombre amante, de convertirte en persona amada, tu amor es impotente y una desgracia". 

Karl Marx, Manuscritos económico-filosóficos, 1844, citado por Pablo Rieznik en "La dictadura del proletariado como un acto de cordura (y una referencia al amor)", En defensa del marxismo, Nº 24, abril 1998.



Era el único que podía, así que fui a buscar la bandera del local para ponerla en la casa velatoria. Pensé “tomo el subte, voy y vuelvo”.
Por primera vez en 3 años me frena la seguridad privada y la metropolitana de estación Los Incas.

-Eh! No flaco, acá no podés pasar con eso!- grita el más alto y se me vienen al humo los cuatro.

-Primero te calmás y me bajás el tono que yo no te hice nada.

-Acá con eso no puede pasar- en un tono más formal, el rati de uniforme blanco y negro dice lo mismo que el rati de metrovías, de verdeamarelo.

-"Eso" se llama bandera, y la pasé mil veces por acá para ir a las marchas. ¿Por qué hoy no?
-Nos comprometés- tira el otro de seguridad, con cara de por qué mierda agarré este laburo de buchón -están las cámaras.

-¿Qué tiene que ver? Decile a la cámara que la denuncia se la hagan al Partido Obrero de Charlone 1999, no a vos. Si ustedes nos conocen -le digo al metropolitano sosteniéndole la mirada- ¿no te acordás?

Se le podía leer la bronca en los ojos de la vez que nos quisieron llevar detenidos a tres compañeros en una pintada y le copamos la parada en Holmberg y Triunvirato o de cuando frenamos el desalojo de treinta familias a la vuelta del local.

-Compromete a los señores. Usted no puede pasar.

- Escúchenme un poco: se murió un compañero, estoy llevando la bandera del local al velorio, son tres estaciones nada más, para el centro a esta hora no viaja nadie, tengan un poco de sensibilidad humana...

-No podés pasar con ese bulto, vas a lastimar a alguien...

Si bien era la bandera grande de arpillera, con los palos de tres metros, les expliqué que la cargaba siempre

-No voy a lastimar a nadie, hay gente que viaja con mochilas más peligrosas...

-No va a pasar -repitió el alto, de seguridad, alto y con cara de garca.

-¿Entonces no me van a dejar pasar? Ustedes no son seres humanos. Ojalá se duerman hoy a la noche con la conciencia limpia de que detuvieron un crimen, ¡manga de hijos de puta! -les iba descargando en la cara mientras reculaba marcha atrás en el molinete forcejeando con los palos.

"Ni lo conocen pero cómo lo odian a Pablo estos soretes" pensé no bien salí a la calle. Me imaginé la risa de Pablo escuchando la anécdota y, si estaba de humor, seguro jugaríamos a tirar alguna derivación científicamente plausible del comportamiento intuitivo de los agentes del Estado.

No quedaba otra. La bandera tenía que estar velando a Pablo y del subte me rajaron. Guita para taxi no había así que me resigné, cargué la bandera enrollada, como mortaja, sobre el hombro derecho y entré a caminar. Calculé unas veinte cuadras o más, porque entre Tronador y Lacroze había más trayecto que el normal entre estaciones, después convenía abandonar Triunvirato y pegarse al cementerio para salir a Dorrego por Guzmán o Rodney.
Cuadras más cuadras menos, lo mismo da, igual había que caminar.

La tarde estaba rara, 17 de setiembre, los árboles en flor pero hacía un fresquito de otoño y el sol se parecía más al tibio sol de mayo que al de primavera. “No sería raro que el barrio se sintiera tan triste como nosotros”, pensé y la verdad que me sentí acompañado por los ocres que el atardecer ya pintaba en los adoquines de Ortúzar.

Caminaba a paso firme, como soldado en misión y a medida que el cansancio me apretaba los callos dentro del zapato y los golpes de la baldoza trepaban por el músculo y los tendones, se me iba aflojando la tristeza y los pensamientos ordenados y rutinarios del día. Me iba haciendo uno con la vereda y el paisaje del crepúsculo.

"Los detalles que no podemos estudiar pero que tienen una explicación científica posible los llamamos azar, casualidad o a veces dios" se me vino a la cabeza mi cita preferida de Engels, de La Dialéctica de la Naturaleza, lecturas por las que Pablo nos había hecho apasionar, cuando pasé frente al profesorado de la UTN en Tronador donde Pablo había dictado el curso de Introducción a la Economía Política que organizamos el año pasado con los compañeros del local y las enfermeras del Tornú.

Hermoso curso, dictó sólo dos clases porque arrancó con la quimio y ya no le daba el físico. Fue una despedida para mí, reviví casi 20 años después esa sensación de asombro, claridad y carcajadas que me partió el bocho cuando cursaba con Pablo la primer materia de la carrera.

Una compañera salió de esa clase agitada, hiperventilando, "ahora entiendo lo que me pasa" decía a cada rato, en éxtasis, porque Pablo había hablado un par de horas, de una forma íntima y poética, sobre las ideas de Marx a los 22 años sobre la alienación del trabajo explotado.

“Así era Pablo”, pensé y sin querer saludé con la mano a la fachada de la UTN.

-Si esos forros no me frenaban capaz que hoy no pasaba por acá- dije como si hubiese alguien para contestarme. Pero antes que empiece a llorar, una chata de laburantes de direct-tv me toca bocina y me tira "¡fuerza loco!" y de las casas de Fraga, detrás de las vías, llegaba un rumor de voces y petardos y los villeros parecían gritar "Aguante Profe" y hasta los árboles del cementerio, majestuosos, centenarios, saltaban los muros para acercarme las hojas de las ramas más largas y decirme "dele un saludo muy grande al Profesor Rieznik de nuestra parte".

Los choferes de los bondis frenados frente a la Imperio me hacían un gesto cómplice con la cabeza y tocaban la bocina mientras los miles de obreros y obreras que iban y venían desde José C Paz, hasta las fábricas y comercios de Chacarita, Chas, Ortúzar o Paternal se paraban al paso de la bandera, llenándome de un aplauso cerrado y conmovedor.

Cayó la noche definitivamente cuando llegué a la cochería. Pablo ya no estaba ahí.

Creo que una parte se quedó en este mundo amargo y bello que tanto amó, pensó y transformó.

Otra parte se quedó dentro mío y de sus familiares de sangre y de militancia.

Otra quedó en la bandera.


(Chau Pablo, fue un honor compartir con vos esta parte del viaje y va a ser un orgullo llevarte en las banderas en cada lucha nueva)

lunes, 14 de diciembre de 2015

Cámaras que disparan balas

Reseña de Anuario Fotográfico de los Trabajadores, del Frente de Artistas-Partido Obrero, Bs. As., diciembre de 2015.


Los poetas tienen la imaginación que hace falta para cambiar el mundo donde la explotación, la miseria, las tasa de desocupación espantosas, provocan miserias sociales inmensas y suicidios de familias. Ese mundo va a ser cambiado por los poetas. Cuando todo el pueblo de trabajadores se anime a pensar como poetas, cuando los trabajadores empiecen a pensar como poetas vamos a tener una Revolución Social en Argentina”.
Jorge Altamira

Hace poco pasé por una experiencia impactante. Pude ver -en youtube o mimeo no recuerdo bien- unos 40 minutos más o menos de una compilación de brevísimas escenas televisivas en vivo que aparecieron en canales de noticias o programas políticos durante los años noventa.

Creo que era material de archivo que ese enorme artista y ser humano que es Dionisio Dennis había compilado con el criterio de mostrar las escenas de la vida cotidiana durante los años 90, años en los que fui adolescente y jóven. Años en los que miles de nosotros y nosotras dejamos finalmente la infancia para madurar a la lucha de clases. Los años en que mi generación protagonizó un tipo de lucha muy particular: la lucha por el poder.

Durante los 40 minutos más, o menos, me la pasé llorando. Como lloran los niños, sin contención, mezcla de lágrima y moco, sin poder respirar, abandonado, indefenso. Dionissio juntó pedacitos de imágenes cotidianas que estaban guardadas vaya a saber en qué fichero, en qué remota cueva del laberinto emocional que soy hoy.

Apretó todos los botones y afloraron a mi cerebro millones de sensaciones largo rato sin ver ni sentir. Obreros y obreras de todo el país, de gorra con visera cara curtida por el sol, gente de verdad, con problemas de ortografía y gramática, con la garra y el ardor imbatibles contando sus verdades ante las cámaras de TV en millones de piquetes en toda la geografía de acentos de este enorme pedazo de tierra.

Reclamando, explicando, denunciando, luchando.

Y cada tanto, aparecían compañeros del Partido Obrero, la UJS y las diferentes agrupaciones sindicales que el PO dirigía, algunas veces frente a falsas mesas de sets de televisión por el prestigio que ya tenían, otras más en medio de marchas, piquetes o tomas de fábricas, como delegados/as, activistas u simples luchadores/as, encarnados en la fibra misma del pueblo sublevado.

Recién mucho después me dí cuenta de otra genialidad de la compilación, que revela la verdadera genialidad del autor, ya que toda la saga es un gran poema épico, donde los personajes van armando un diálogo de muchas gargantas y cerebros discutiendo los mismos problemas: nos cagan de hambre, nos dejan sin laburo, no nos quedó otra que organizarnos y luchar, y luchamos por el poder.

Y eso hace el arte. Lloré porque volví a vivir, re-viví, viví de nuevo toda esa década y el impacto que tuvo en mi sensibilidad más inconsciente. Y recordé todo el dolor y el sufrimiento de esos años, de tanta gente, y la angustia, la impotencia, la bronca, el odio, la furia con la que ese pueblo se levantó debajo del yugo y encontró el camino para ponerle un fin. Y lo logró.

Recuperar la memoria

Cuando se atraviesa un momento jodido del camino es preciso no dejarse ahogar por las impresiones de las derrotas parciales o frenazos. Y este 2015 lo fue, muy cercano al 2010, o al 2002-3. Años de reflujo de las luchas, de golpes durísimos de la realidad. Después de la euforia del Argentinazo vino el reflujo y después que echamos a Duhalde pero al mismo tiempo mataron dos compañeros en un piquete y empezamos a cortar un carril también. Y metimos en cana a Pedraza pero hubo que vivir esos tres meses desde el 20 de octubre hasta el indoamericano, pasando por los qom asesinados por el Estado de Insfrán en Formosa.

Dolor y lucha. Áspero momento de la vida donde los matices se diluyen en las líneas claras de la realidad, se enfocan, se distinguen, sin adjetivos.

En esos momentos la moral del combatiente es muy importante. Y a veces una canción, un libro, una obra de teatro, una danza, un/a artista te descoloca, te saca de la vida cotidiana, del tedio y el desamor, del apechugarse en bondis y vagones, de despegarse emocionalmente del universo para juntar el mango, y te traen a la conciencia, lo que somos de verdad.

Este es el pueblo que habita y es explotado en Argentina, que ya se sublevó tantas veces en sus doscientos años, que se sacó al imperio español de encima, que combatió a los centralistas e ingleses después de los españoles, a la oligarquía saladera, vacuna, cerealera, industrial, comercial y financiera, que hizo la Revolución del Parque, la Huelga General de Enero del 19 contra Yrigoyen y el Imperio Británico (las empresas Vassena estaban llenas de accionistas ingleses, bancos sobre todo, y en gran parte la violenta respuesta fue exigida por el Foreign Office a Yrigoyen), la Huelga General de Enero del 36, mientras en Chile se alzaba el primer gobierno de Frente Popular con Socialistas y Comunistas de América Latina y Sandino luchaba en las selvas centroamericanas, con Trostsky en el México de Cárdenas acá la huelga general de la construcción devino en insurrección política internacionalista contra patronales alemanas hitlerianas y contra patronales británicas aliadas. La toma del Lisandro de la Torre en Mataderos, las huelgas contra Perón, la Resistencia Fabril a Aramburu y el FMI, el Cordobazo, el las Coordinadoras del 75, la Resistencia a la Dictadura, la lucha por los desaparecidos y el argentinazo.

Este pueblo ha luchado y lucha tanto que alguna vez merece ganar. Y de ahí surge la esperanza consciente, la fe racional de los luchadores y luchadoras que soportamos en nuestros cuerpos, en nuestra individualidad, el esfuerzo que terminará en la fuerza colectiva que logrará el éxito o el fracaso de las generaciones venideras incluso.

Un 2015 de lucha

Esto mismo me pasó ahora con otro producto visual, el primer Anuario Fotográfico de los Trabajadores, producido y editado por los compañeros/as Daniela Calvo, Bernardo Cornejo, Elisa Peláez, Gastón Stark y Julieta Farfala, con el sello del Frente de Artistas en el Partido Obrero y el Frente de Izquierda.

En pequeño, en el estrecho margen que posibilitan 80 páginas de papel ilustración y un solo año, cuarenta y pico de artistas de la imagen fotográfica me hicieron salir del tedio cotidiano, de la forrada del bastón de mando y la reyerta de Pampita, de los fastos de la derecha bailando en los balcones del mundo, contenta y envalentonada, a punto de intentar un ajuste feroz sobre las espaldas adoloridas del pueblo una vez más, y me sacudieron.

Te pasa desde la imagen que recibe el honor y la justicia de la tapa. El perfil de un hombre pasados los 50, pelado de pelo cano, fino y largo, con barba de una semana y los ojos achinados por el calor, el cansancio, y la alegría. Detrás de cada hombro otros dos hombres en segundo plano, más jóvenes, uno en los 30, de gorra y barba tupida, otro en los 40, de anteojos oscuros y cadena de plata, ambos con una risa que les abre el rostro. En el hombro izquierdo del hombre en primer plano, las manos de esos dos compañeros de trabajo (nos damos cuenta por los uniformes de trabajo y el detalle de un travesaño de caña y un trapo rojo casi fuera de cuadro) se entrelazan en el abrazo. Recién cuando llegamos a la página 21 notamos que se trata de los compañeros aceiteros recibiendo las noticias de la victoria de la huelga general de San Lorenzo y el Puerto de Rosario que ellos encabezaron, logrando en medio de piquetes y asambleas romper la paritaria K y llegar a la canasta familiar.

Cuando arrancás así te das cuenta que estás ante un material pensado, discutido, organizado en torno de un interés político-emocional. Acá hay gente inteligente y profesional.

Se nota que es un trabajo editado hasta el último detalle por artistas de la imagen, que han cuidado el papel, la cronología, la mención del autor, todo lo que conforma al artista más exigente. La tapa es la síntesis de la propuesta escrita en el prólogo: retratar la vida de trabajadores y trabajadoras del pueblo, en su vivencia cotidiana y en su lucha política. Un fresco de lo que fue nuestra vida en el año que pasó, con la mira puesta en señalarnos un futuro esperanzado de victorias. Sólo hay que continuar y mejorar lo que hicimos este año.

Las inundaciones en diferentes zonas del país, la ocupación de tierras en Merlo, los innumerables cortes de calles y rutas por diferentes conflictos, la lucha de familiares y víctimas de la impunidad estatal, el 24 de marzo que tumbó a Milani, las elecciones y el arduo esfuerzo de la militancia, el dolor de la pérdida de compañeros /as valiosos/as… todo.

Y logran conformar otra vez un coro de voces, de gritos que salen desde las miradas, los puños y las bocas abiertas en cada foto. Y los rostros más reconocidos, de dirigentes oo líderes de luchadores, coinciden en marcar lo mismo: La paciencia de Pitrola tomando mate en el frío de la cabecera de uno de los piquetes de los paros generales de la primera mitad de año, el dolor y el orgullo de Gabriel Solano gritando Presente en la despedida de Pablo Rieznik en Chacarita, la risa franca, provocadora y contagiosa de Elia Espen en la marcha del 24.

Rostros de los luchadores que enfrentan al enemigo confiados en su propia fuerza que surge del conocimiento de causa de su dolor y el de los suyos, en contraste con excelentes fotos de elevado poder periodístico y político, un Scioli derrotado secándose la frente con un pañuelo consolado por la Rabolini Macri agobiado por los micrófonos que lo interrogan. El artista se mofa del enemigo, lo ridiculiza, señala su debilidad, su humanidad, la posibilidad concreta de ser derrotado. Como lo sintetiza la genial foto de la inauguración de la estatua de Perón en Paso Colón.

Deténgase lo suficiente en esa foto para ver una obra maestra del artista, de su concentración, de todo lo que necesitó para enfocar ese ojo en ese momento y escrachar los rostros de una burguesía decrépita, descompuesta, cantando el himno nacional con las bocas entreabiertas y cara de aburridos, de desanimados, sin alma, de Moyano, Vidal, Ritondo, Venegas y el asesino Duhalde mientras un Macri desorientado mira hacia su espalda, la cara de la estatua, con esa cara de pelotudo tan habitual en esta mezcla de Burns y Bob Patiño que tenemos de presidente.

Esa no es una clase que esté capacitada para vencer a esta otra, la del armado y desarme de las marchas, bajando y subiendo banderas de las chatas en medio del calor, las compañeras que se divierten pateando las olas del Atlántico Sur mientras luchan contra el Estado en el Encuentro Nacional de Mujeres en Mar del Plata. A la muestra no le faltaron los momentos históricos del año, como la pueblada de tucumanos y tucumanas contra el fraude y la corrupción del Estado, las huelgas de la Línea 60 y Cresta Roja, la lucha contra Monsanto y en defensa de Famatina contra la megaminería o esas increíbles fotos aéreas de Plaza Constitución vacía como una maqueta de arquitecto a las 6am de un día de paro general y la Plaza de los Dos Congresos en medio del hormiguero humano que fue ese grito contra la violencia hacia las mujeres el 3 de junio.

Pero también las imágenes del tedio de la vida cotidiana y la explotación en esas almas callejeras con trajes y auriculares, o los cuadros colgados del subte y los que corren el tren en las largas perspectivas en fuga de los andenes de Consti, la miseria del que duerme en el colchón, la heroica carpa Qom con el Don Quijote del Dalí en el fondo hecha parte de la vida cotidiana del microcentro porteño. Y los rostros comunes y corrientes, tratados con belleza y amor de detallistas de la señora vieja sentada en las gomas quemadas, el chofer de la sesenta bailando y riendo, la vela protegida del viento patagónico en la marcha el bombista y los compañeros trayendo gomas para arrancar con el piquete. Se dan el lujo de incluir imágenes icónicas: el Rosario ensangrentado es un manifiesto anticlerical en si mismo, el compañero palestino devolviéndole un gas lacrimógeno al enemigo israelita con una gomera puede tranquilamente llenar las remeras y los tatuajes de una generación.

Porque si faltaba algo para que la obra termine de ser perfecta desde lo conceptual, se agrega un apéndice de fotografías bellísimas y bien logradas de instantáneas de la lucha internacional que más impactaron, los 43 de Ayotzinapa, la lucha Palestina contra el genocidio del Estado de Israel y las luchas de los sobrevivientes de las masacres humanas de África y Asia refugiados en Europa, la cuna del imperialismo, reclamando que los asesinos se hagan cargo del dolor que provocaron.

Somos nosotros, la lucha viva que se abre paso y no estamos solos en ningún rincón del mundo. Somos más.

Sería realmente justo poder describir una por una las fotografías y mencionar a los autores, pero la reseña sería ilegible de larga y para hacer justicia usted debería comprar el Anuario en el León León, en el local central del Partido Obrero en Bartolomé Mitre y Uriburu o encargársela al compañero o compañera del local más cercano a su casa y admirarlo y leerlo una y otra vez como hago yo desde el día del picnic.

El futuro es nuestro

No es casual que haya hecho la asociación con el compilado de Dionisio y este Anuario. En primer lugar porque hay una bella y emotiva foto del compañero dentro, pero sobre todo porque Dionisio fue parte de la generación de artistas visuales que parió el documentalismo militante de los 90 y el argentinazo, miembro fundador del Ojo Obrero y parte de un movimiento más vasto que supo parir esa genialidad cultural que es el Festival Latinoamericano de la Clase Obrera donde toda una generación de luchadores rememoramos y reelaboramos las luchas de las que fuimos parte, haciendo crecer nuestra auto-conciencia de los mismos.

Es que cuando uno mira una prueba más de la enorme capacidad artística, formal y política de la que son capaces los artistas visuales de esta generación que nació a la lucha entre fines del último gobierno de Néstor y el ascenso de la izquierda, no hace más que esperanzarse. Si la generación anterior con menos experiencia de lucha (tuvieron que remontarse a los realizadores de los 60 y 70 para encontrar el hilo conductor de lo que querían hacer, una generación que ya no estaba físicamente presente para transmitir su experiencia) fue capaz de hacer tamaño aporte no quiero parar de imaginarme lo que va a ser capaz esta.

Y lo mejor es que lo vemos reflejado gracias a esa gran revista que es Facebook en cientos y miles de compañeros y compañeras que pintan, bailan, escriben, cantan, hacen música y van llenando las filas de un enorme ejército de artistas populares de mayor o menor reconocimiento floreciendo entre los mismos batallones de luchadores/as. Porque son todos/as ellos/as militantes organizados/as o no, independientes o partidarios/as.
Altamira en un cierre de campaña muy recordado señaló que cuando los obreros y obreras que luchan sean capaces de hacer poesía serán capaces de vencer.

Piense un segundo en el alcance de la frase. Cuando una clase social que es explotada, alienada, golpeada, angustiada y condenada al sufrimiento es capaz de rearmarse emocional y moralmente para enfrentarse a su explotador y opresor, recupera la autoestima y la confianza en sí misma, se arriesga con coraje a enfrentar el peligro y la incertidumbre, es capaz de hacer poesía, es decir, de expresar hacia el exterior sus profundos sentimientos interiores, darles un contenido político claro y una forma bella.

La lucha es alegría, pero todavía más si esa lucha es conciente y triunfa.

Esta generación de trabajadores y trabajadoras está haciendo arte, y fuerte. Su destino es superar dialécticamente a quienes los precedieron. No se deja reprimir por el mercado y le da batalla en su terreno, logrando el mejor resultado estético posible y publicando y difundiendo en la medida de sus esfuerzos y posibilidades. Tiene algo a favor de la generación del argentinazo: son más jóvenes pero tienen la experiencia fresca de la generación anterior –muchos de ellos/as incluso nos sumamos humildemente en las filas del nuevo ejército-  y están a las vísperas de encarar su primer experiencia en la lucha por el poder.

Llegan con mejores herramientas y con una experiencia importante, han crecido, han desarrollado su aprendizaje artístico durante el canto de cisne de lo mejor del arte estalinista residual que sostuvo las banderas culturales del kirchnerismo. Pueden incorporar lo mejor de las técnicas estéticas del adversario caído en desgracia y además han observado, criticado y tomado distancia positivamente de todos sus insalvables límites políticos. Pero será preciso ser conscientes de este lugar, hacerse cargo de la responsabilidad, aceptarla y llevarla adelante.

Puede que sea una hipótesis exagerada la mía, lo reconozco. Sin embargo es el destino de todas las hipótesis hasta que la realidad las compruebe, o las rechace. Sólo quiero notar que en los últimos años hemos podido escribir o presenciar la genialidad eterna de Las Manos de Filipi y Che Chino, Plaza Miserere, la pintura de Borghini, el libro El Manifiesto de las Conchudas y la obra teatral basada en él de María Negro, el éxito de público de la Revista digital El Otro, la maduración de los creadores audiovisuales del Ojo que crearon las poderosas ¿Quién mató a Mariano Ferreyra?, 40 balas o Córtenla, el resurgimiento de el Manifiesto Comunista devenido el éxito de convocatoria de El Fantasma que Recorre el Mundo de Morena Cantero Jrs. y la cantidad impresionante de muestras desarrolladas en el Centro Cultural León León del FDA.

Y eso que por falta de tiempo y conocimientos me pierdo de escribir sobre las decenas de músicos populares que han surgido en nuestro folklore, tango, rock, punk, música clásica, etc. que pululan en las filas del Partido Obrero y sus simpatizantes que sostienen con arte y política las charlas, debates y actividades de los locales y centros culturales en todo el país.

No es necesario seguir. Algún día entrevistaremos a los y las muralistas que ilustraron los locales de Barracas y San Justo, a artistas populares de masas en su pago chico como Paula Jove en José C. Paz, a cientos de poetas y poetisas que pululan por los recitales de poesía en los locales o esa juventud increíble que rapea como si sudara poesía en tantos rincones. Ya iremos intentando difundir toda esa energía apasionante que emerge de nuestro pueblo artista en lucha y dialogar con ellos y ellas para demostrar la validez de nuestra tesis. 


Pero incluso sin conocerlos/as a todos/as, podemos decir que, de conjunto, conforman la enorme fuerza poética de una generación que enfrenta la próxima etapa de la lucha de clases con capacidad para orientar a toda una millonada de artistas y producciones que no están dentro de las filas del Partido Obrero y el Frente de Izquierda, que organizadas en otros programas sin embargo comparten una meta común y que podrán acercarse y debatir, para seguir cocinando la fusión de una vanguardia estético-política que le dé su propia fisonomía al nuevo capítulo en que lo más bello de la humanidad intentará tomar el cielo por asalto. 

lunes, 7 de diciembre de 2015

Cuando las mujeres que luchan hacen poesía

Opiniones de un viejo vinagre sobre la sexta edición del ciclo artístico Mujeres en Lucha


¿Cómo se hace la crítica de un género artístico que no se domina, de una generación de la que te separan casi veinte años, del género sexual “contrario” y de una clase social lejana en tus sentimientos?
Bueno, como dice el compañero, del laberinto se sale por arriba, siempre. Hay que buscar un puente, o intentar construir uno con los elementos que se nos ofrecen.
Ayer presencié por mera casualidad la sexta muestra colectiva de artistas Mujeres en Lucha que cerró un ciclo periódico en el Centro Cultural del Partido Obrero, León León, de Nicaragua y Scalabrini Ortíz, dirigidos ambos, el CCLL y la Muestra, por el Frente de Artistas (FDA).

Aclaraciones necesarias

Pude contemplar un recital de poesía por primera vez en mucho tiempo, porque sinceramente los recitales de poesía no me gustaron nunca, y dos exposiciones de perfecta y sutil expresión corporal, una de cuño teatral (“La muñeca dócil” interpretada por Ayelén Galatti y Julia Pérez) y la última del mundo de la danza (“Lo contenido” interpretada por Ana Minujín y Manuel Lafita).
De repente me encontré frente a un “otro” muy definido, muy absoluto, muy lejano. Porque no comprendo la poesía aunque tengo un conocimiento relativamente formado sobre el género. Debo reconocer que no sé muy bien cuál es el punto emocional donde uno se debe parar para hacer poesía y por sobre todo me siento incapaz de manejar la palabra en ese nivel de orfebrería que destilan los/as mejores.
Los recitales, sin embargo, no me gustan por una diferencia política, no estética: me repele el relativismo de los artistas, que extreman el respeto al esfuerzo del/a compañero/a sin permitirse un debate sobre lo que acaban de escuchar y leer. Una especie de “en el arte vale todo” que no comparto porque considero que del intercambio de opiniones y experiencias entre pares permiten un desarrollo, un crecimiento, tanto individual como colectivamente. Y el vale todo del recital sin balance ni debate me parece un desperdicio.
Pero además las compañeras que leyeron pertenecen en su mayoría (y aclaro que caracterizo a partir de una serie de prejuicios generales de vestimenta, acentos, etc. ya que no conozco en persona a ninguna de las que interpretaron sus textos) a una pequeño burguesía todavía no proletarizada o cerca de hacerlo; en su mayoría provenientes incluso de barrios de zona norte que he transitado y donde milito hace muchos años pero con los que me cuesta empatizar.

Cuando el amor es mentira

Pero, entonces, ¿por qué se justifica intentar el esfuerzo de criticar un evento tan difícil de asimilar? Simplemente porque comparto la propuesta política del hecho artístico: de la lucha popular contra la violencia hacia las mujeres del 3 de junio pasado estas artistas parieron un hecho artístico de denuncia al Estado como responsable del femicidio de masas que están sufriendo las mujeres en este país. Cualquier esfuerzo desenvuelto con ese objetivo debe merecer nuestro más rotundo apoyo, más allá de la opinión y el gusto estético personal.
Entonces me obligué a buscar un punto de apoyo con las compañeras, aceptando lo más profundo de la intención del FDA, la de apelar al espectador e interpelarlo sobre el problema político denunciado.
Y lo primero que noté es que todas ellas, las poetisas, las actrices y la pareja de Danza, se refirieron al mismo tema: el desamor. Todas las poesías leídas desarrollaron diferentes aspectos de una sensación de desazón, de frustración, de bronca por la imposibilidad de encontrar relaciones afectivas íntimas satisfactorias. Todas lloraban la desilusión de una sociedad que a través de la escuela, los medios y la familia le había prometido el amor y la felicidad en pareja y que sin embargo le ofrecía nada más que decepción, traición e incluso violencia.
¿Qué experiencias traumáticas debieron atravesar mujeres tan jóvenes, en sus veinticortos, para haberse dado cuenta tan temprano de la hipocresía reinante en la familia contemporánea? ¿Qué tan profunda es la crisis económica y social del capitalismo imperialista degenerado para que las generaciones más jóvenes, que incluso deben tener la mayoría de sus necesidades materiales cubiertas, para que empuje a estos sectores de la sociedad al desencanto con la ideología dominante?
En un tono de stand up y con una excelente interpretación actoral una de las compañeras leía de su celular (alerta brecha generacional) la lista completa de características irónicas de una pareja ideal que sólo encontraba en el café, despreciando con soberbia y sarcasmo a sus parejas previas.
Una excelente poeta de quien desconocemos lamentablemente el nombre (no pudimos contar con el tiempo necesario para entrevistar a todas ellas ante la ausencia de un programa detallado) resumió en una genial ocurrencia las “frases de cierre” de tres de sus parejas varones amasando un bello poema que desgrana con suma franqueza y serenidad la asombrosa brutalidad masculina para relacionarse con las mujeres, el maltrato naturalizado, banalizado y acrítico de varones que no han salido del Australophitecus o que incluso están a su derecha.
La compañera que la siguió en el orden sintetizó con genialidad y prolija métrica (todas las compañeras demostraron una capacidad cultivada en la escritura) una caracterñistica que todas ellas compartieron: un enorme desparpajo y desfachatez para provocar a la moralina burguesa abrevando en la escatología y la descripción sexual o corporal explícita, en criollo y lunfardo, de frente manteca. Su hermosa elegía al culo reivindicando una sinceridad y honestidad superiores a la de su polo opuesto, la cara, el rostro que intenta construir la sociedad burguesa. El huso de un humor ácido, irónico y sarcástico, con toda la desfachatez de la juventud desinteresada y desprendida, refuerza en todas las obras un sesgo provocador, irritante que escupe en la cara de sus responsables la denuncia de la falsedad y el encubrimiento.
 Como resumió la tierna canción de la compañera Luna (conocemos su nombre porque compartimos una tediosa y angustiante jornada de doblado de boletas) las compañeras jóvenes lloran, putean y luchan porque han descubierto tempranamente que las relaciones afectivas de pareja en esta sociedad trazada por intereses materiales y transada por el dinero, como decía Marx, son una mentira.
 Sólo dos poetisas nos parecieron un tanto más sensibilizadas por el padecimiento de otros tipos de elementos de la cotidianeidad, como la miseria, la discriminación de la pobreza o la explotación. La compañera que se angustiaba por la falta de broches para tender las bombachas en el balcón y cuestionaba la validez moral de esa angustia desplegó un aguafuerte porteña cruda y descarnada del barrio de Balvanera, desde la perspectiva de una estudiante universitaria o trabajadora precarizada que experimenta el barrio no como un paisaje bucólico sino como lo que es realmente, el soporte físico donde sufren cotidianamente los oprimidos y explotados. Luego la compañera que cerró el recital nos regaló una descripción exacta de una piba de la villa, una quemera de ley ante la mierda de su vida y su extraño y limitado orgullo de clase plantándose al menos como sobreviviente.

Sensaciones físicas de la opresión

Las dos muestras de expresión corporal, finalmente, como corresponden a un lenguaje no verbal no permiten anclar tan claramente las posiciones políticas o filosóficas de los autores e intérpretes pero reforzaron la denuncia del enorme dolor que siginifica ser mujer en este momento. La primera, una escena impactante, bella y sutil de una mujer que sufre la manipulación y la violación de su pareja hasta el punto de perder totalmente su voluntad, siendo poseída por el control del otro, que la obliga al matrimonio, la servidumbre del hogar, la maternidad y que luego le arranca los dos únicos placeres que se pueden rescatar de esa horrible experiencia: la violencia destruye el enamoramiento inicial y el amor hacia su hijo/a.
Lo sublime de esta muestra es que sin decir una palabra, sólo valiéndose del lenguaje de dos cuerpos femeninos (la víctima vestida de enagua blanca y la victimaria de una malla ajustada al cuerpo negra) y sus rostros, lograron la perfecta transmisión de un sentimiento intransferible. Nos pone en el cuerpo, en las vísceras del sufrimiento de las mujeres oprimidas.
La escena donde una pareja heterosexual baila al ritmo de dos desgarradoras canciones de –creo reconocer- Alanis Morisette la sucesión de estados anímicos que atraviesan desde la pasión inicial hasta la crisis y la separación, donde otra vez el varón se impone no por argumentos sino por la manipulación y la violencia física. Otra vez, destreza sublime, armonía perfecta y un guión coreográfico genial nos hicieron aplaudir de pie.
Algunas de estas artistas son militantes, otras no. De conjunto han expresado el profundo desgarro de una generación entera con la ideología que justifica el régimen de explotación que vivimos, una especie de desgarro existencialista tan importante para poder construir una conciencia realista y superadora, revolucionaria. Ideal para señalar al responsable de la violencia contra las mujeres.

Nos une un programa

Y aquí está, finalmente el hilo fino pero indestructible que nos une a esta muestra, en el interés común de organizarnos todos/as quienes sufrimos este presente tan cruel y asesino del capitalismo. Qué alegría contemplar jóvenes tan valientes dispuestas a gritar con arte, con belleza, con honestidad y franqueza que la sociedad huele a podrido, aunque todavía no verbalicen una denuncia y una salida más concretas y definidas, aunque todavía deban superar cierta pedantería propia de esa desfachatez o algún tamiz de soberbia. Qué bueno que existan estas artistas y este tipo de iniciativas, imprescindibles para construir un debate colectivo junto a sectores sociales todavía mucho más dolidos y sufridos, víctimas más laceradas por el mismo régimen aunque también transidas por un camino de lucha personal y colectiva contra el Estado.
No podemos más que salir optimistas del León León de haber atestiguado una vez más la capacidad creativa y política de una joven generación decidida a no dejarse engañar nunca más y ponerle nombre y apellido a las cusas profundas de ese desengaño y frustración. La crisis galopante y la intensificación de la experiencia común con el Partido Obrero y el Frente de Izquierda seguramente darán las bases materiales para un desarrollo superior de este festival que prometen retomar en Enero.
Confiamos en que tomen esta crítica con benevolencia, con el reconocimiento de las falencias y prejuicios del autor y su distanciamiento de la realidad observada, como un honesto y fraternal intento de promover un debate educativo para todos/as quienes estamos en la búsqueda de encontrar y construir una salida obrera y socialista para nuestro común dolor.  
Si el presente es de lucha y poesía, compañeras, el futuro es nuestro.